24
octubre
2020
La esperanza de una Europa verde

Al principio de esta crisis, muchos miraban a Europa con serias dudas sobre el papel que iba a desempeñar. Teniendo como referencia principal la Gran Recesión de 2008, no es de extrañar que los europeos dudasen de la capacidad de la Unión para enfrentarse de nuevo a un reto social, económico y esta vez, antes que nada, sanitario. Sin embargo, el tiempo ha demostrado que Europa ha estado a la altura. En los últimos meses, la maquinaria europea se ha puesto al máximo de sus capacidades para asegurar una salida justa para los ciudadanos y la economía, pero no a expensas del planeta. De estos meses de trabajo continuo, ha resultado un plan que busca que la recuperación europea se lleve a cabo al mismo tiempo que se alcanza la neutralidad climática, y todo ello sin perjuicio de la economía. ¿Cómo? El Plan de Recuperación de la Unión Europea Next Generation EU se ha diseñado teniendo muy en cuenta el Pacto Verde Europeo anunciado el pasado año. Prueba de ello es que la Comisión haya incluido como condición para acceder a los fondos del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia cumplir con el objetivo mínimo de gasto del 30% en acciones climáticas. En el caso español, el Gobierno, consciente de que nuestro país es uno de los afectados por el cambio climático, ha anunciado que dedicará a la transición ecológica nada menos que el 37% del presupuesto del Plan de Recuperación. España Puede. El Next Generation EU es un compromiso con el futuro de los europeos y una demostración de que esta crisis nos está brindando la oportunidad de hacer las cosas de manera distinta: más solidaria, más sostenible y más justa. Así, el compromiso de los 27 Estados miembros de resolver juntos la peor crisis a la que se haya enfrentado la Unión se ha traducido en un fondo dotado con 750.000 millones, sin contar con el marco financiero plurianual (1,84 billones) ni la triple red de seguridad para estados, empresas y trabajadores (500.000 millones), entre otras muchas medidas. El NGEU se presenta como una inversión por un futuro, con un plan sostenible y justo para salir de esta sin comprometer la viabilidad de las generaciones futuras. Este compromiso con el futuro pasa por el Pacto Verde Europeo. El Parlamento Europeo se ha puesto a la vanguardia mundial en materia ecológica, con la aprobación de la emergencia climática en noviembre del pasado año y de la Ley Europea del Clima este mes de octubre. El Parlamento ha sido ambicioso y contundente: queremos alcanzar la neutralidad climática en 2050, y para ello debemos reducir nuestras emisiones en un 60% para 2030, establecer un objetivo intermedio de reducción para 2040 y asegurarnos de que estos objetivos son vinculantes para toda la Unión y para todos los Estados miembros. Necesitamos un control y seguimiento efectivo de las medidas y los avances realizados para poder alcanzar la meta final. Además, el Pacto Verde Europeo refuerza la idea de que la economía tiene que superar esta crisis y lograr la transformación ecológica de manera sostenible, competitiva y resiliente. Este deseo se materializa, por ejemplo, en el Nuevo Plan de Acción para la Economía Circular que ha presentado la Comisión Europea como hoja de ruta hacia una Europa más limpia y competitiva. Sus objetivos principales son nada menos que conseguir que todos los productos de la Unión sean sostenibles, es decir, que duren más, que sean más fáciles de reutilizar y reparar y de reciclar. También se restringirán los productos de un solo uso, se prohibirá la destrucción de bienes duraderos que no hayan sido vendidos y se reforzarán los derechos de los consumidores. Sin embargo, los tiempos que corren nos exigen más; el Plan necesita más ambición. Y es ahí donde el Parlamento Europeo demostrará, de nuevo, que es capaz de colocar a Europa en una posición de liderazgo en materia ecológica. Durante la firma del Estatuto del Consejo de Europa, el político luxemburgués Joseph Bech decía que “la idea grandiosa de una Europa unificada – hasta hace poco aún considerada una utopía – emerge hoy desde el terreno de la esperanza para entrar en la fase de lo real”. Europa y su proyecto siguen siendo para muchos una esperanza. Es por ello que tenemos el deber de seguir luchando por la realidad de una Unión más justa, más solidaria, y más verde.   Artículo publicado en elobrero.es.

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23
octubre
2020
Lo que esconde la moción de la ultraderecha

Hannah Arendt en Los orígenes del totalitarismo: “Desde el punto de vista de una organización que funciona según el principio de que todo el que no esté incluido está excluido, todo el que no está conmigo está contra mí, el mundo en general pierde todos los matices, diferenciaciones y aspectos pluralistas”. Los pasados miércoles y jueves hemos asistido, con amplias dosis de estupefacción, a la moción-provocación del partido ultraderechista VOX. Un instrumento constitucional utilizado de una forma fraudulenta que representa una falta de respeto al Congreso. Defiendo que VOX supone una amnaza seria (a la que hay que tomarse en serio) para el sistema democrático español desde hace tiempo. Después de estos dos días de delirio reaccionario, lo reafirmo. La experiencia de esta intrusión antisistema en forma de moción de censura nos deja dos evidencias y una estrategia oculta, cuyos objetivos se esconden. Las evidencias son la utilización de dos recursos que la ciencia social e histórica nos ha mostrado ya en el pasado: el discurso totalitario repleto de mentiras y la apelación a la nostalgia falseada de un tiempo pretérito idílico ligado a la dictadura, que es irreal porque es inexistente. Pero además de los recursos retóricos y nostálgicos, VOX tiene una estrategia definida con objetivos muy concretos. La estrategia se basa en la propagación del odio, de la división y del enfrentamiento y persigue introducir la aplicación práctica de sus postulados a través de la influencia en los gobiernos de los partidos de derechas y supuesto centro; esto es, en el PP y en Ciudadanos. Asistimos en consecuencia a un entrismo reaccionario. El señor Casado y la señora Arrimadas han rechazado, votado en contra y criticado esta moción. Pero a la vez, sustentan sus mayorías de gobierno en comunidades y municipios en los votos parlamentarios de la ultraderecha. ¿Qué tiene de nuevo la situación que se configura después del debate de esta semana? La eliminación total por su parte de cualquier límite táctico, reparo estético o camuflaje estratégico. VOX es un partido de ultraderecha que persigue alterar radicalmente nuestro sistema democrático y de derecho, que persigue coartar las libertades, restringir los derechos y suprimir la pluralidad. Su programa es antidemocrático y anticonstitucional. Por todo ello, la democracia española debe tomarse en serio esta amenaza. El Congreso ha rechazado abrumadoramente la moción-provocación, pero eso no debe suponer que nos relajemos y acumulemos una confianza excesiva que, a la postre, podría ser letal. Al contrario, debemos encender todas las alarmas. Detrás de la puesta en escena, de los discursos y de los mensajes en las redes sociales hay una estrategia de aplicación práctica, de ejecución de políticas, que solo pueden llevar a cabo, como ya han hecho en algunos casos, de la mano del PP y de Ciudadanos, colaboracionistas insensatos de una estrategia que no desconocen, aunque queremos pensar que no comparten. Son legítimos los pactos y las coaliciones para acceder a los ejecutivos, pero las consecuencias de la entrega de PP y Ciudadanos a VOX de una enorme parcela de influencia y decisión es una amenaza de fondo, seria y consistente, para la democracia española. Los demócratas debemos asumir el peligro que este partido supone para el pacto de convivencia forjado desde la posguerra, ampliado en los años 50 y 60 y aplicado en los 70 con la Constitución de 1978 y la incorporación a la Unión Europea en 1986. Asumir significa que debemos actuar para reducir el espacio al máximo a este partido y limitar así su impacto político y electoral. Eso pasa por la educación, la gran arma de la democracia, la responsabilidad de los medios de comunicación (muy importante en esta coyuntura) y la aplicación de los llamados cordones sanitarios. Y también pasa por no menospreciar esta amenaza. El gran historiador Antonio Domínguez Ortiz decía que “de los escarmentados nacen los avisados”. Aprendamos y reaccionemos a tiempo, porque escarmentados ya estamos. Ni un milímetro a la ultraderecha antidemocrática.   Artículo disponible en fundacionsistema.com.

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10
octubre
2020
Hacia la neutralidad climática

El Parlamento Europeo ha votado esta semana su postura sobre la Ley del Clima previa a las negociaciones con el Consejo y la Comisión Europea en los diálogos tripartitos, de donde saldrá el texto definitivo de la futura ley.  La Ley del Clima aprobada por la Eurocámara es un instrumento legal decisivo e histórico en la lucha contra el cambio climático, que representa uno de los mayores retos de nuestra historia. Es además un texto ambicioso a la altura de la transición ecológica, energética y justa que necesitamos.  Esta ley, que fue una iniciativa impulsada por los socialdemócratas en el Parlamento Europeo, establece el marco jurídico y la trayectoria que la Unión Europea ha de seguir para alcanzar la neutralidad climática en 2050, a la que se ha comprometido. Con la fijación de un objetivo de reducción de emisiones de un 60% a 2030, que va más allá de la propuesta de la Comisión Europea de un 55% y que aumenta considerablemente el actual objetivo del 40%, el texto aprobado da la respuesta que la sociedad, los científicos y los activistas medioambientales estaban esperando: los compromisos políticos de actuar de manera urgente, coherente, ambiciosa y sin dejar a nadie atrás, han de ser obligaciones jurídicamente vinculantes. Con el texto aprobado, el Parlamento Europeo envía un claro mensaje a la Comisión Europea y al Consejo de la UE ante las próximas negociaciones: queremos que la futura Ley del Clima obligue a todos los Estados miembros a ser climáticamente neutros de aquí a 2050, queremos objetivos intermedios ambiciosos en respuesta a la emergencia climática y medioambiental que declaramos en noviembre de 2019 y a las demandas científicas y ciudadanas, y queremos un control efectivo y robusto de la evolución de las trayectorias y de las medidas políticas adoptadas al efecto. Son muchos los logros socialistas de este informe. Además de objetivos intermedios ambiciosos, los socialistas hemos conseguido introducir la creación de un presupuesto de carbono y hemos logrado adoptar las bases para la creación del Consejo Europeo del Cambio Climático (ECCC) que irá evaluando el progreso de la UE en el camino a la neutralidad climática teniendo en cuenta en cada momento los conocimientos científicos más actualizados al establecer las medidas para alcanzarla. Asimismo, la eliminación gradual de los subsidios a los combustibles fósiles a más tardar en 2025, sin repercutir en los esfuerzos por combatir la pobreza energética, y la interconexión entre las crisis climática y medioambiental con el fortalecimiento de las disposiciones para la adaptación al clima y la promoción de soluciones basadas en la naturaleza, son principios recogidos en el texto aprobado. La aprobación del informe del Parlamento supone un paso firme en la fijación de los contenidos y objetivos de esta futura ley. No obstante, tras su aprobación por el Parlamento comienza la etapa más determinante para el futuro climático de Europa y del planeta: las negociaciones con el Consejo y la Comisión. El texto final que se apruebe ha de marcar las pautas para alcanzar una economía europea sostenible, un continente climáticamente neutro y verde y una sociedad consciente y concienciada con los límites de nuestro planeta. Esperemos que las otras dos instituciones comunitarias estén a la altura de la ambición necesaria para revertir el peligroso aumento de temperaturas y sus devastadores impactos.  Artículo publicado en www.eldiario.es.

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20
septiembre
2020
La importancia de un debate

Esta semana tuvo lugar el primer debate sobre el estado de la Unión de la era von der Leyen. Instaurado por su predecesor en el cargo, José Manuel Durão Barroso, hace diez años, el debate sobre el estado de la UE ante el Parlamento Europeo representa en sí mismo un ejercicio democrático. Por un lado, supone una ocasión clave para hacer balance y rendir las cuentas de la Comisión Europea ante los parlamentarios. Por otro lado, pone a prueba la sintonía y posible apoyo a los planes del Ejecutivo comunitario por parte de la Eurocámara, representante de la ciudadanía europea. En este sentido, el debate sobre el estado de la Unión, ha dejado claro que, en 2020, el Parlamento no solo no va a remolque de las propuestas de la Comisión, sino que, de hecho, tira de ella en muchos aspectos. No por nada la Presidenta von der Leyen alcanzó su puesto tras intensas negociaciones entre los grupos parlamentarios y, por supuesto, tras haber adquirido como propios muchos de los compromisos de esta casa, la de los socialdemócratas europeos. Es gracias a esta buena costumbre europea del compromiso que podemos explicar las propuestas anunciadas el miércoles por la Presidenta sobre el salario mínimo, la unión de la salud o el incremento de los objetivos de reducción de las emisiones de gases con efecto invernadero. Estos planes son más necesarios que nunca y desvelan una ambición a la altura de las circunstancias. Porque no debemos engañarnos: el contexto es malo y el estado de la Unión también. La crisis sanitaria, económica y social sin precedentes en las que estamos inmersos se han desatado en medio de la tormenta climática y política que ya teníamos. El calentamiento global prosigue, como el Brexit, aunque este ahora atraviesa un nuevo bache. Las negociaciones no solo no avanzan al ritmo que deberían, sino que, además, el Gobierno de Johnson pretende hacer un “donde dije digo, digo Diego” con el tratado internacional que firmó hace apenas unos meses. Y sin que el premier se despeine... Sin embargo, no todo son malas noticias. El discurso de la Presidenta von der Leyen y el trascurso de los últimos meses demuestran que hay motivos para la esperanza. Primero porque, por fin, la Comisión reclama para sí competencias en salud. Esta idea, una “minirrevolución” institucional en tanto en cuanto supone una modificación de los tratados, es algo que venimos persiguiendo los socialdemócratas desde el principio de la pandemia. Sin una Unión Europea de la Salud, no podemos contemplar con seriedad una política coordinada sanitaria entre los Estados Miembros, con pruebas de estrés, tratamientos transfronterizos de pacientes o inversión en equipamiento sanitario. Segundo, porque el Pacto Verde Europeo, la gran apuesta de la Comisión junto con la Europa Digital, no solo no se debilita, sino que, al contrario, se refuerza. Para alivio de muchos, la presidenta de la Comisión mantuvo inalterado su compromiso de convertir a Europa en el primer continente climáticamente neutro para 2050. Es más, propuso incrementar los objetivos de reducción de emisiones para 2030 del 40% actual a al menos el 55%. Como ejemplo práctico y reciente, baste decir que precisamente la semana anterior se aprobó en la Comisión de Medioambiente del Parlamento un objetivo del 60% para el mismo plazo. Tercero, porque esa estrategia digital de la que hablaba, la otra cara de la moneda verde, también salió reforzada, concretamente con tres grandes propuestas. Por un lado, con la creación de una nube digital europea que permita el almacenamiento y uso eficiente y seguro de los datos colectivos (desde industrias hasta sanidad). Por otro lado, con la creación de una nueva identidad digital que permita a los ciudadanos de los 27 acceder de forma segura a cualquier web o aplicación en el territorio europeo. El trío se completó con una inversión anunciada de billones de euros en alta tecnología producida en Europa. Y cuarto, porque la presidenta se mostró firme en la defensa del estado de derecho y de las minorías, afirmando con rotundidad tanto que "las zonas libres de ideología LGTBI no tienen cabida en la Unión Europea" como que "el odio es odio y nadie tiene que soportarlo". Sin citarlos, von der Leyen puso todo el foco en Polonia y Hungría, los dos socios que ahora mismo están jugando la carta del todo o nada con el Plan de Recuperación de la UE que este Parlamento Europeo pretende, como el Consejo y la Comisión, vincular al respeto y cumplimiento al estado de derecho. Así que, en definitiva, no vivimos nuestros mejores tiempos, cierto es, pero la incertidumbre no es sinónimo de catastrofismo. Las cosas pueden salir bien y estas son algunas muestras de que hay motivos para creerlo así. Además, el Plan de Recuperación de la UE puede y debe ser el acicate definitivo para lograr la transformación de Europa (y particularmente la de España), en un continente moderno, limpio, sostenible y resiliente. y también la producción, tratamiento y administración de la vacuna contra la covid19 puede coordinarse y lograr marcar un antes y un después en esta crisis planetaria. Muy importantes son las decisiones y la determinación para llevarlas a cabo, pero hoy destaco la importancia de la deliberación en el seno de las instituciones, la importancia del debate. Artículo disponible en www.larioja.com.

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16
septiembre
2020
Una primera batalla ganada

El pasado viernes 11 de septiembre, votamos en la Comisión de Medio Ambiente, Salud y Seguridad Alimentaria del Parlamento Europeo la futura Ley del Clima de la Unión Europea, en lo que consideramos una victoria progresista que, aunque parcial, es crucial para toda Europa, y que está liderando el grupo de los socialdemócratas en la Eurocámara. El informe que logramos aprobar en el comité ENVI supone una mejora significativa de la propuesta de la Comisión Europea.  La Unión Europea se ha comprometido a convertirse en un espacio climáticamente neutro de aquí a 2050, lo que requerirá reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero en un plazo de tres décadas. Para ello, hemos de contar con objetivos ambiciosos intermedios que guíen las actuaciones de la UE en su camino a la neutralidad. Con el informe aprobado en ENVI, la mayoría progresista envía un claro mensaje a la Comisión Europea y al Consejo de la UE a la luz de las próximas negociaciones: esperamos que todos los Estados miembros alcancen la neutralidad climática para 2050 como muy tarde, y que se reduzcan en un 60% las emisiones para 2030 en comparación con los niveles de 1990, superando el compromiso actual del 40% y el previsto por la Comisión Europea del 55%. Los socialdemócratas hemos luchado mucho por un objetivo fuerte para 2030 y por un nuevo objetivo climático de la UE para 2040, que serán hitos intermedios cruciales para asegurar que la Unión y los Estados miembros estén en el camino de lograr la neutralidad climática para 2050.  Por otro lado, hemos conseguido introducir un presupuesto para los gases de efecto invernadero, que establece la cantidad total restante de emisiones en forma de equivalente de CO2 que podría emitirse hasta 2050 a más tardar, sin poner en peligro los compromisos de la Unión en virtud del Acuerdo de París. A su vez, hemos logrado adoptar las bases para la creación del Consejo Europeo del Cambio Climático (ECCC), formado por organismos consultivos de los Estados miembros, que evaluará conjuntamente si la UE está en vías de alcanzar el objetivo de neutralidad climática e identificará las oportunidades para seguir reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero y aumentar el potencial de secuestro de carbono. Son muchos más los logros socialistas de este informe. La eliminación gradual de los subsidios a los combustibles fósiles a más tardar en 2025, sin que ello repercuta en los esfuerzos por combatir la pobreza energética; el fortalecimiento de las disposiciones para la adaptación al clima, con una mayor consideración de los grupos, comunidades y ecosistemas vulnerables y afectados, así como la promoción de soluciones basadas en la naturaleza en las estrategias y planes de adaptación de los Estados miembros, son demandas de la sociedad, de los científicos y de los activistas medioambientales que hemos conseguido reflejar en el texto. Por último, hay nuevas disposiciones relativas a las corrientes de financiación pública y privada, elementos más fuertes de justicia social y solidaridad como una referencia a las directrices de 2015 de la Organización Internacional del Trabajo para una transición justa y una nueva disposición que permitirá a los ciudadanos y a las organizaciones no gubernamentales acceder a la información ambiental e impugnar las decisiones en materia de medio ambiente, en consonancia con la Convención de Aarhus sobre el acceso de los ciudadanos a la justicia. La Ley de Cambio Climático permitirá desarrollar una estrategia clara para el futuro y una economía europea sostenible. No obstante, aún queda un largo camino por recorrer. Una vez la votación se confirme en el Pleno, pasaremos a las negociaciones con la Comisión y el Consejo de la UE. En este camino seguiremos defendiendo una postura progresista, sostenible y verde. Para los socialistas, alcanzar la neutralidad climática para 2050 es la gran prioridad de nuestro tiempo. Se lo debemos a los ciudadanos, a las generaciones futuras y al planeta.   Artículo publicado en www.huffingtonpost.es.

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23
julio
2020
Fiscalidad justa y social

Este mes de julio el Tribunal General de la Unión Europea anuló la multa de 13.000 millones de euros impuesta por la Comisión Europea a la empresa estadounidense Apple. Para sorpresa y decepción de muchos, el Tribunal no consideró las exenciones fiscales irlandesas una ayuda de Estado ilegal, tal como defendía el Ejecutivo comunitario (que llegó a asegurar que gracias a ella la tasa impositiva efectiva para los de Cupertino en 2014 fue de 0,005%).  Al margen de interpretaciones jurídicas del dictamen, hay hechos incontestables. Uno de ellos es que en 2018 Apple declaró ingresos en España por valor de 435,4 millones de euros, pero destinó a impuestos en el mismo ejercicio poco más de 10 millones, es decir, un 2,5% aproximado sobre sus ingresos declarados. Otro ejemplo es el tipo efectivo de impuesto de sociedades aplicado en los Estados miembros. Con datos de la OCDE de 2019, en España es el 24,8%. En Irlanda el 11,8%.  No se trata aquí de comenzar una batalla entre estados por ver quién es más “competitivo” (ergo, más barato) ni tampoco de perseguir a empresas concretas, sino de replantear y, sobre todo, ampliar el foco del debate sobre la fiscalidad. Si hasta ahora el “ruido mediático” y el debate en la calle se ha centrado en los tipos impositivos, lo que correspondería hoy es comenzar la discusión por el principio: la lógica del sistema impositivo. ¿Para qué pagamos impuestos?  Piénsenlo. Estamos tan acostumbrados que ya nos hemos olvidado que el objetivo principal de los impuestos no es recaudar per se: es mantener el Estado y, en concreto, el estado del bienestar que disfrutamos en Europa. Las carreteras por las que circulamos, los médicos que nos atienden, las universidades de nuestros jóvenes, la protección de nuestros montes, los autobuses urbanos que nos llevan a la oficina... Todo esto no es gratis. Cuesta dinero. Y mucho.  Lo digo para ponernos en contexto porque ahora, en plena crisis económica tras la pandemia, oímos decir a algunos (otra vez, siempre son los mismos) que en un momento como este hay que “bajar impuestos” para ser más competitivos (recuerden, “baratos”). Pues bien, lo que los socialdemócratas decimos y defendemos es que en un momento de crisis como el actual lo que debemos ser es realistas, serios y, sobre todo, justos. El futuro inmediato y a largo plazo de todo lo que conocemos está en juego.  Con una deuda pública prevista a niveles altísimos durante años a lo largo y ancho de la UE y la crisis climática desbocada en todo el mundo, es hora de afrontar los hechos. Uno) nuestros sistemas fiscales no están adaptados al siglo XXI: ni a su velocidad ni a su carácter digital. Dos) nuestra sociedad está cada vez más envejecida, con lo que ello comporta para los sistemas de pensiones y de la seguridad social europeos. Tres) el modelo económico actual se basa en la explotación ilimitada de unos recursos que son limitados, o sea, pan para hoy y hambre para mañana. Cuatro) además, nuestro sistema capitalista y estilo de vida, tal como están planteados, están provocando la destrucción del planeta, así, sin eufemismos: llamemos a las cosas por su nombre. Cinco) la brecha entre ricos y pobres -la desigualdad nacional, europea y global- sigue creciendo.  Por todo ello, defendemos los socialistas una fiscalidad justa, coherente y moderna en la que los gigantes tecnológicos paguen los impuestos que les corresponden, como los que correspondan a los que más contaminan. A lo que nos oponemos es a que los más vulnerables paguen las consecuencias de la crisis, como ocurrió en la Gran Recesión gracias al brazo austero de las fuerzas conservadoras.  En otras palabras, lo que perseguimos los socialistas europeos es que haga un mayor esfuerzo quien está en posición de poder hacerlo: el sector financiero, los gigantes tecnológicos y las grandes corporaciones. Por eso nos referimos a la justicia fiscal como la base para lograr justicia social. Algunas de las medidas “descabelladas” que proponemos incluyen el establecimiento de un tipo mínimo comunitario para el impuesto de sociedades del 18%, la creación y desarrollo de impuestos ecológicos y la armonización e implantación a escala internacional de nuevos impuestos como la Tasa Tobin (sobre las transacciones financieras) o la tasa Google (sobre determinados servicios digitales). Afortunadamente, la Comisión Europea -y hasta la OCDE- se mueve en la misma onda y por eso presentó su propio Paquete de Medidas Impositivas en julio que viene a completar sus propuestas previas sobre las tasas de emisiones de carbono, al plástico no reciclable y a las grandes empresas que operan en la UE, entre otras.  Queda mucho trabajo por delante y el dictamen del Tribunal ha demostrado que el camino no está exento de obstáculos. Pero, como dijo Mandela, “siempre parece imposible hasta que se hace”. Artículo publicado en www.huffingtonpost.es.

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25
junio
2020
"La paz ni se compra ni se ocupa"

Si nada o nadie lo impide, el próximo 1 de julio el nuevo Gobierno de Israel presidido por Benjamín Netanyahu ocupará unilateral e ilegalmente Cisjordania. Numerosos países y organismos internacionales han levantado la voz para advertir de las dramáticas consecuencias que este hecho tendría, así como para insistir en que sería totalmente contrario al derecho internacional (al igual que los más de 500 asentamientos de 850.000 colonos en territorio palestino, cabe recordar). La ONU, la Unión Europea, la Autoridad Palestina, los Patriarcas y Jefes de las Iglesias de Tierra Santa, el Vaticano, la Liga Árabe, la Organización para la Cooperación Islámica, Alemania, Francia, España, Suecia, Irlanda, Bélgica y otros muchos se suman a los miles de ciudadanos anónimos que se manifestaron la semana pasada en Tel Aviv "contra la ocupación, contra la anexión y en favor de la paz y la democracia". En plena escalada de las protestas sociales con motivo del asesinato de un joven negro a manos de la policía en Minneapolis, no debemos ignorar que estos hechos deleznables se producen más allá de las fronteras americanas. El racismo institucional y los abusos policiales también parecen estar detrás de la muerte de Iyad Halak, un joven palestino autista al que la policía de frontera disparó y mató la semana pasada en la ciudad vieja de Jerusalén estando él desarmado. Ni su muerte ni la de George Floyd fueron justas ni mucho menos democráticas. Al presidente Trump le parece que con la fuerza bruta todo se puede ganar (y lo que no, ya lo comprará con dinero). Debería escuchar a sus asesores (el tiempo que le duran antes de dimitir o de que los eche) cuando recomiendan prudencia y rebajar la tensión. ¿Será que esta vez sí lo ha hecho? Hace unos días supimos que incluso la Administración estadounidense había sugerido al gobierno hebreo "aplazar la anexión más allá del 1 de julio". Parece que hasta en Washington tienen dudas acerca de la visión para la paz del presidente, ese calamitoso plan rechazado por los palestinos en bloque y por los principales actores internacionales (incluida la UE) que proporciona, sin embargo, carta blanca a Netanyahu para proceder ahora. ¿Escuchará el Primer Ministro israelí? Ojalá me equivoque, pero parece que las llamadas a la ley y a la prudencia no resuenan en el Ejecutivo israelí. En estas condiciones, cabe preguntarse "¿y entonces qué?". ¿Qué vamos a hacer? ¿Qué medidas vamos a tomar como Unión Europea que somos? Israel es un socio clave para la UE y al contrario (somos su primer socio comercial): cualquier medida punitiva o sancionadora debe ser justa y proporcionada, como con cualquier otro socio, qué duda cabe. Pero debe haberlas. Dejar pasar esta nueva ilegalidad internacional sin consecuencias sería un error estratégico que minaría, además, la credibilidad de la UE pues, ¿qué diferencia la anexión ilegal de Crimea y Sebastopol en marzo de 2014 de una posible anexión del 30% de Cisjordania en 2020? ¿Por qué la UE sí impone contra Rusia medidas y sanciones de carácter diplomático, individual, comercial y económico, pero no habría de hacerlo contra Israel? Josep Borrell, vicepresidente de la Comisión Europea y Alto Representante ya reconfirmó que la UE es una firme defensora de la solución de dos Estados y que la Unión y sus Estados miembros "no reconocerán ningún cambio en las fronteras de 1967 a menos que lo acuerden israelíes y palestinos". Al mismo tiempo ha subrayado que la seguridad de Israel "no es negociable". Porque no lo es, recordémoslo. La UE está comprometida con "una paz justa, duradera y global para el Oriente Próximo". Para lograrlo las dos partes tienen que estar de acuerdo. Es en este marco en el que debemos oponernos con fuerza a esta anexión sin menoscabo de nuestra relación con el Gobierno de Israel. Somos socios y queremos seguir siéndolo, pero somos la Unión Europea. Somos un referente mundial en diplomacia y por eso mismo debemos actuar. Artículo publicado en www.eldiario.es.

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22
junio
2020
Ya todo se comprende

Artículo de opinión Fundación Sistema "Ya todo se comprende" La rápida y mejor reacción de la Unión Europea ante la crisis provocada por la pandemia de la COVID19 está poniendo de manifiesto, de manera ya definitiva, que la gestión de la Gran Recesión del 2008 fue equivocada y provocó un impacto devastador en las estructuraras sociales y económicas de muchos países, como es el caso del nuestro, que podría haberse evitado. Fue en el año 2012 cuando el gobierno conservador de Rajoy emprendió la política de recortes sociales y ajustes de la mano de un rescate financiero pedido a Europa, que pretendieron vanamente ocultar y cuyos perjuicios son hoy evidentes. Entonces se dijo que no había alternativa y que recurrían a esas políticas, causa y origen de numerosos problemas hoy acuciantes (auge del nacionalismo extremo y de la ultraderecha, especialmente), porque no existía otro camino posible. La gestión actual, contraria a la puesta en marcha hace una década, demuestra que esa afirmación era falsa, porque sí había alternativas, pero se optó por una vía ideológica muy definida: un ajuste fiscal a costa de las clases medias y trabajadoras, acompañado del desmontaje de los servicios públicos y prestaciones sociales esenciales (como se ha comprobado con la sanidad durante esta crisis), que provocaron la mayor generación de desigualdad a escala global desde la Gran Depresión de 1929. Afortunadamente, la derecha y los liberales de la mayor parte de la Unión, han entendido el error cometido en el pasado, han comprendido el enorme coste social que supuso y, en consecuencia, han apoyado las políticas de inspiración keynesiana y socialdemócrata que los gobiernos socialistas de España y Portugal propusieron de inicio y que fueron secundados por Italia y, finalmente, por el eje Francia-Alemania. Durante estas últimas semanas, el debate, una vez que el paradigma de corrección y revisión con respecto al 2008 ya es unánime entre los socios comunitarios, se ha centrado en el carácter de los recursos a movilizar, si ayudas o préstamos o una mezcla de ambos, la vía para financiar esos recursos, mediante una fiscalidad nueva y con emisión de deuda garantizada federalmente, aun de forma muy incipiente y experimental. Es decir, si en 2012 el debate era sobre recortes y ajustes, en 2020 lo es sobre alcance de la solidaridad, el tipo de ayudas y las medidas de avance en el proyecto federal de integración. Un gran avance, se mire por donde se mire. Por resumir, de la vía egoísta y antisocial hemos evolucionado a la vía solidaria y europeísta. Y justo en ese momento, el PP se ha desmarcado de esa tendencia, mayoritaria en Europa y muy mayoritaria en España, para situarse del lado de quienes reclaman ajustes y recortes a cambio de las ayudas. El PP, como durante la negociación para conseguir los Fondos de cohesión, que lideró el PSOE de Felipe González, o como durante la guerra de Irak, a la que se opuso firmemente el PSOE de Zapatero, escoge colocarse en el lado injusto y equivocado: el lugar de las políticas antisociales y antieuropeístas. Afortunadamente, el PSOE de Pedro Sánchez ha conseguido, con su rápida reacción e iniciativa, que España vaya a beneficiarse de un plan de recuperación que tendrá un impacto muy alto en nuestra economía y ayudará a asegurar la igualdad de oportunidades y la cohesión social. La lección que extraemos de todo esto es que siempre hay alternativas y políticas para escoger. Nunca nada es obligatorio, ni hay caminos imposibles. La conclusión que obtenemos es que el PP elige sus caminos y sus políticas de acuerdo a su ideología ultraliberal y en contra de los intereses generales de España, desplegando unas enormes dosis de deslealtad e irresponsabilidad. Así fue en 1994, así fue en 2012 y, lamentablemente, así está siendo ahora. Siguiendo a Gil de Biedma, ya todo se comprende.

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25
mayo
2020
La Unión Europea de la Salud es el futuro para combatir crisis sanitarias

La pandemia de COVID-19 ha puesto los sistemas de salud bajo una presión sin precedentes, mostrando la fragilidad de las instituciones multilaterales para la colaboración global y poniendo de manifiesto la necesidad imperiosa de revisar las competencias europeas en salud pública.  En las primeras fases de la pandemia, algunos países establecieron restricciones a la exportación para proteger su suministro interno de medicamentos y equipamiento médico, lo que contribuyó a ralentizar la respuesta a la crisis en sus momentos más críticos. Ningún país puede enfrentarse solo a una crisis como la actual en el mundo globalizado en el que vivimos. La necesidad de coordinación y colaboración global a través de la diplomacia de la salud se ha vuelto esencial para prosperar en el futuro, de la misma forma que es indispensable aumentar la capacidad de respuesta europea. La mayoría de los Estados miembros no tienen la capacidad de producir los equipos médicos esenciales y productos activos suficientes para hacer frente a esta pandemia y dependen en gran medida de las importaciones procedentes de terceros países como China, India y los Estados Unidos. Partiendo de esta base, la UE ha establecido un mecanismo de adquisición conjunta de equipos médicos que debería reforzarse para la adquisición de nuevos medicamentos y dispositivos médicos. Este mecanismo reforzado garantizaría un acceso más equitativo, una mayor seguridad de suministro y precios más competitivos, y será de suma importancia cuando una vacuna o nuevos tratamientos para la COVID-19 estén listos en el mercado, para poder hacer que éstos lleguen a todos los ciudadanos.   Esto demuestra que necesitamos un liderazgo más fuerte de la Unión Europea, y éste debe tomar la forma de una Unión Europea de la Salud. Nuestros sistemas sanitarios deben fortalecerse y garantizar que puedan hacer frente a emergencias de salud pública sin colapsar. Para ello, es esencial medir la capacidad de los sistemas nacionales de salud para hacer frente a escenarios de alta presión. A su vez, sería también necesario que la Comisión propusiera una Directiva sobre estándares mínimos en atención sanitaria utilizando parámetros como el número de camas de hospital por persona, la capacidad de las unidades de cuidados intensivos, el número de médicos y enfermeras por habitante, el gasto en salud, y el acceso y la asequibilidad de la asistencia sanitaria para todos, lo que garantizaría un nivel mínimo de cobertura sanitaria en Europa. Igualmente, hemos sido testigos de que los planes europeos de respuesta ante emergencias actuales, muy centrados en la gripe, han resultado ineficientes para la pandemia de COVID-19. Por ello, necesitamos nuevos planes de preparación para pandemias, actualizados y adaptados a las nuevas características de ésta y futuras pandemias, que incluyan también estrategias de comunicación sólidas para evitar la desinformación y combatir las noticias falsas. En el siglo XXI, hemos visto un aumento en la frecuencia de brotes de enfermedades zoonóticas, transmitidas de animales a humanos, como el SARS en 2003, el H1N1 en 2009 y el ébola en 2014. Esto no es una coincidencia. La destrucción ambiental debido a la deforestación y la pérdida de hábitats, el contacto creciente entre animales salvajes y humanos, algunas prácticas culturales como comer fauna exótica, y la agricultura intensiva, se encuentran entre las causas del origen de este aumento. En otras palabras, la pandemia actual se esperaba de alguna manera. Por ello, cualquier nueva medida de prevención que sea implementada a partir de ahora debe considerar la interconectividad de la salud ambiental con la salud animal y humana, así como incluir un componente para la protección de la biodiversidad. Actualmente observamos una disminución en el número de casos nuevos de COVID-19 y en el número de muertos, en parte debido a las medidas de confinamiento. Sin embargo, todavía estamos en el comienzo de esta crisis y si queremos recuperarnos de ella, necesitamos convertirnos en una sociedad más resiliente, sin dejar a nadie atrás y poniendo la salud ambiental en el centro de nuestro crecimiento económico. Debemos estar listos como sociedad para un nuevo tipo de normalidad y para una nueva Europa reforzada, que ha de venir de la mano de una Unión Europea Sanitaria para hacer frente a futuras posibles crisis. Artículo aparecido en www.huffingtonpost.es.  

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18
mayo
2020
Nos encaminamos a una sexta extinción de especies y por eso es urgente defender la biodiversidad

Esta semana se hará pública, si no hay cambios de última hora, el primer documento de la Estrategia de Biodiversidad de la Unión Europea que presentará la Comisión Europea.  La sexta extinción requiere de una acción urgente y la estrategia no se puede retrasar más; una estrategia que debe ser ambiciosa en sus objetivos e integral, de manera que abarque y trate todas las causas de pérdida de biodiversidad y proponga soluciones viables a cada una de ellas de manera urgente.  Hay muchas cuestiones relevantes y que ya fueron adelantadas en la resolución de este Parlamento para la COP15. Por un lado, en cuanto a los objetivos de conservación y restauración, la UE necesita contar con objetivos ambiciosos de conservación y de restauración de la naturaleza. El Parlamento ya manifestó su voluntad para que en 2030 el 30% de las áreas naturales fueran protegidas y el 50% para el 2050. De la misma forma, un 30% de los ecosistemas y áreas degradadas actuales deben restaurarse para 2030. Por otro lado, el Parlamento también ha pedido en varias de sus resoluciones (como la resolución de polinizadores o la resolución sobre la COP15) que haya un objetivo vinculante ambicioso de reducción de pesticidas. A día de hoy, no hemos conseguido alcanzar los objetivos de la Estrategia Europea de Biodiversidad de 2010 ni tampoco los objetivos de Aichi a 2020, por lo que es evidente que, si los objetivos no son vinculantes, éstos no se cumplen. La nueva estrategia no puede quedar en una recolección de ideas y objetivos que luego no se cumplan. Necesitamos que la Comisión acompañe la presentación de la Estrategia con planes y medidas legislativas concretas para hacer vinculantes todos estos objetivos, sobre todo los de conservación, restauración y reducción de uso de pesticidas.  Igualmente, en el caso de nutrientes, parece que la Estrategia recogerá objetivos de reducción del uso de fertilizantes con fósforo y nitrógenos, pero desconocemos si además de un posible Plan de Acción para la Gestión Integrada de Nutrientes en 2022, tendremos legislación para hacer vinculantes esos objetivos, o si hay prevista alguna medida o modificación en relación a la Directiva de Nitratos.  A la espera del texto para conocer los propósitos de la Comisión, lo que la situación actual de pandemia y la crisis económica y social que ha generado nos deja patente es la necesidad de aprovechar el impulso de esta estrategia para iniciar un cambio transformador.  Cada vez más científicos, investigadores y distintos expertos de distintas ramas académicas nos están explicando que el actual modelo económico es incompatible con la conservación y protección de la biodiversidad. Por tanto, pensemos también que este es el momento oportuno para, como se ha dicho en otras ocasiones memorables, “empezar de nuevo”, cambiando nuestros patrones de producción y consumo, que nos llevan a sobreexplotar unos recursos que son limitados (y cada vez más), sustituyendo nuestro esquema tradicional de imposición fiscal por una fiscalidad verde, no sólo por la recaudación de recursos económicos, sino sobre todo como incentivo para evitar que corporaciones y ciudadanos contaminen como se ha venido haciendo hasta ahora y, finalmente, introduciendo nuevos parámetros de bienestar social, como los beneficios que aportan los servicios de los ecosistemas a la población, a la hora de analizar el impacto de las actividades económicas en la naturaleza.  En el momento de reiniciar nuestra economía, pensemos también que es una oportunidad para hacerlo protegiendo la naturaleza, preservando la biodiversidad y asegurando la pervivencia de muchos ecosistemas que hoy están en peligro de extinción, situaciones que, bien sabemos mejor ahora que nunca, suponen un riesgo cierto y no tan lejano en el tiempo para los equilibrios sistémicos del planeta y, por consiguiente, para los humanos como especie. Artículo aparecido en www.huffingtonpost.es.

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05
mayo
2020
Los bosques, nuestros mejores aliados

Los bosques son el soporte de la vida en nuestro planeta, cubren el 30% de la superficie terrestre mundial y albergan el 80% de su biodiversidad. Son unidades multifuncionales que aportan grandes beneficios medioambientales, sociales, económicos y culturales si son gestionados sosteniblemente, esto es, si se administran y usan de forma y en intensidad tales que mantengan su biodiversidad, productividad, capacidad de regeneración, vitalidad y su potencial para atender ahora y en el futuro las funciones ecológicas, económicas y sociales relevantes sin causar daño a otros ecosistemas. Red Natura 2000 En Europa, los bosques constituyen casi la mitad de la superficie de la Red Natura 2000, para la que tienen una importancia crucial. Sin embargo, los conocimientos sobre la aplicación de Natura 2000 en los bosques y sus efectos sobre la biodiversidad, el cambio climático, la gestión forestal y otros usos del suelo son fragmentarios. Igualmente, no hay equilibrio entre la conservación de la biodiversidad y el concepto de bosque como unidad productiva, concepto este último muy defendido por los grandes Estados miembros con amplia superficie boscosa del norte de Europa. En este marco, es necesario que los Estados actúen con una mejor comunicación y transparencia sobre  su gestión, un mayor peso de la conservación y restauración en el desarrollo de sus estrategias y en la respuesta al cambio climático, así como una política europea integrada de uso de la tierra y conservación que evite los conflictos con otros sectores. Degradación forestal Una de las causas del declive mundial de los bosques es la degradación forestal y la deforestación. Aunque la UE no cuenta con grandes extensiones de bosques como América del Sur o el sudeste asiático,  es la causante del 10% de la deforestación mundial a través de la importación y consumo final de productos básicos como el aceite de palma, la carne de vacuno, la soja, el cacao, el maíz o la madera. Por ello, es fundamental que la UE adopte las medidas necesarias para conseguir cadenas libres de deforestación y la salvaguarda de los derechos de los pueblos indígenas y comunidades locales, así como una legislación que prohíba la importación en nuestro territorio de cualquier producto resultado de la tala ilegal de árboles. Es lamentable cómo los bosques primarios están disminuyendo rápidamente en todo el mundo, suponiendo hoy en día sólo el 32% de los bosques del planeta. Los bosques primarios son únicos e irremplazables. Incluyen los ecosistemas terrestres más biodiversos del planeta y proporcionan beneficios esenciales para la mitigación y adaptación al cambio climático. Por ello, las políticas forestales nacionales, europeas e internacionales deberían priorizar la conservación de los bosques primarios y centrarse en la restauración más que en la forestación. Por todo ello, y para conseguir ser climáticamente neutros en carbono en 2050, la UE necesita además de un plan ambicioso para reducir las emisiones, una visión a largo plazo de bosques ecológicamente resistentes y un plan para abordar conjuntamente las crisis del clima y la biodiversidad. Artículo publicado en www.efeverde.com y en www.nuevecuatrouno.com.

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04
mayo
2020
Time for a European Health Union

The COVID19 pandemic has put healthcare systems under an unprecedented pressure. It has uncovered great deficiencies in the health systems of many European countries after years of underfunding and cuts. It has discovered the fragility of multilateral institutions and global collaboration. And it has also brought to light the need to review the European competencies in public health. No country can face alone a crisis like the current one in the globalized world we live in. The need for global coordination and collaboration through health diplomacy becomes essential to prosper into the near future. In the first phases of the pandemic, some countries were tempted to engage in export restrictions to protect domestic supply of medicines and medical devices. This contributed to slow down the crisis response in its most critical moments. Even if some of the supply problems have been solved, others persist. Furthermore, there are still some countries and regions facing shortages of protection material and medical equipment. Differences in the numbers of diagnostic tests (PCR) performed per million of habitants and inaccuracies in the counting of deaths prevent the availability of significant statistics at EU level, essential to understand the progressing of the pandemic in the territory and the efficacy of the measures taken. Most Member States do not have the capacity to produce essential medical equipment and active products to face this pandemic and depend greatly on imports from third countries such as China, India and the USA. On this basis, the EU has put in place a mechanism of joint procurement for medical equipment that should be strengthened for procuring new medicines and medical devices. This reinforced mechanism would secure a more equitable access, an improved security of supply and more balanced prices and will be of the utmost importance when a vaccine and/or new treatments for COVID-19 will be ready in the market, making it available to all citizens. We need stronger leadership from the European Union in the form of a European Health Union. We need to strengthen our health systems and ensure they can cope with health emergencies without collapsing. To that purpose, it is essential to perform stress tests of national health systems, i.e. to verify their capacity to face high-pressure scenarios. Based on the findings of the stress tests, the Commission should propose a Directive on minimum standards in healthcare using parameters such as hospital beds per head, critical care capacities, numbers of doctors and nurses per head, rate of health expenditure and access and affordability of healthcare for all, including for vulnerable populations.  Even if Member States were reluctant to share their health competencies with the EU, this new Directive could build on a minimum permitted level of health coverage. Moreover, many countries, especially the southern and eastern Member States, have suffered for decades brain drain of highly specialized workers such as doctors and scientists. Many of them look for better working conditions and social recognition in other countries, leaving their countries of origin short of specialized workforce. It would be desirable to harmonize their working conditions across Europe as well as to offer these highly trained workers equal opportunities. In parallel, we have witnessed that the current preparedness plans, very influenza-focused, have proved inefficient for  the COVID19 pandemic. We therefore need new pandemic preparedness plans, updated and adapted to the new characteristics of this and future pandemics, including solid communication strategies to avoid misinformation and fight fake news. In the 21st century, we have seen a raise in the frequency of outbreaks of zoonotic diseases (transmitted from animals to humans), such as the SARS in 2003, H1N1 in 2009 and Ebola in 2014. This is not a coincidence. Environmental destruction due to deforestation and habitat loss; increasing contact of wild animals and humans; some cultural practices such as eating exotic wildlife; and intensive farming, which increases antibiotic dependence, are among the root causes of this raise. In order words, the current pandemic somehow expected and could have therefore been prevented. As a result, any new prevention measures put in place from now on should consider the interconnectivity of environmental health with animal and human health as well as a component for biodiversity protection. There is currently a decrease in the number of new COVID19 cases and death toll, in part due to the confinement measures but also because doctors and medical staff are now more prepared and have more experience treating the disease. However, we are still at the beginning of this crisis and if we want to recover from it, we need to become a more resilient society, leaving no one behind and putting the environmental health at the centre of our economic growth. Our way towards deconfinement and reactivation of our economies should not translate into “business-as-usual”. We must be ready as a community for a new kind of normal. Artículo aparecido en www.theparliamentmagazine.eu.

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29
abril
2020
La crisis de la COVID19: certezas y desafíos

Pasada la cuarentena, y cuando la pandemia, en términos sanitarios, va declinando y en camino de ser vencida (así lo es en la zona geográfica en la que nos encontramos: Occidente, Europa), es el momento de establecer los primeros balances analíticos con la base que da la perspectiva de haber superado un marco temporal muy pequeño, pero sin embargo suficiente en cuanto a la enorme proporción de acontecimientos vividos y de hechos conocidos. Poco tiempo, pero muchas realidades. Además, la evolución de la crisis sanitaria hacia una triple crisis económica, social y civilizatoria, permite trazar un primer balance basado en certezas y desafíos. Certezas. Primera. Los sistemas sanitarios y de atención y cuidado de las personas mayores no están lo suficientemente preparados ante una crisis sanitaria que implique la ecuación de una enfermedad grave y a la vez muy contagiosa. Debemos reforzarlos en recursos y en personal. Segunda. Los mismos sistemas sanitarios y sociales, por el contrario, sí que están preparados para aplicar rápidamente medidas extraordinarias en colaboración con el ejército y con otras instancias del Estado para paliar esa insuficiencia. Tercera. El saber de los científicos y el trabajo de los servidores públicos (personal sanitario, policía, ejército) se revelan nuevamente como las dos grandes capacidades de reacción de los sistemas democráticos en primera línea: la ciencia y la función pública. Cuarta. Los poderes públicos, administraciones, instituciones y gobiernos son las instancias más eficaces para organizar y administrar las decisiones colectivas en momentos en los que el pánico, el miedo y la desconfianza pueden crear situaciones de inestabilidad colectiva. Quinta. Que la mayor parte de las sociedades de nuestro entorno geográfico y civilizatorio (Occidente y Europa) han reaccionado, sus gobiernos, instituciones y administraciones de una manera muy similar, casi homogénea, imponiendo sobre cualquier otra razón la prevalencia de la ciencia, la prioridad de la salud y de la seguridad pública y el imperio de la ley y del Estado de derecho. Es decir, nuestras sociedades han reaccionado ante la crisis con herramientas propias de nuestra cultura política y de nuestra organización social y política: las democracias plenas. Desafíos. Primero. A pesar de la magnífica respuesta desplegada por la democracia liberal y plena en nuestro entorno, las fórmulas autoritarias y dictatoriales también están exhibiendo sus propios logros en la lucha contra la pandemia. Es ahora, cuando nos adentramos en escenarios de la llamada nueva normalidad y cuando el mundo entero es consciente de la posibilidad de que se repita de nuevo una crisis similar o peor (por ejemplo, en otoño próximo), y que podrá además incorporar variables específicas de la crisis climática que vivimos, cuando el debate y pugna entre democracia y autoritarismo se convertirá en un desafío. Ergo hay que seguir cuidando la democracia. Segundo. Volverá otra vez (si es que alguna vez se fue) el debate entre libertad y seguridad, esta vez centrado exclusivamente en el control digital individual y su uso y límites en pro de la preservación de la salud pública. La seguridad no puede coartar ni la libertad ni la privacidad. Tercero. La salida de la crisis económica. ¿Cometerá la UE el error de no plantear un gran paquete de estímulo anticíclico, como ocurrió en 2008, o, por el contrario, las políticas de estímulo e inversión se impondrán durante un tiempo largo, el que sea necesario, y, tal y como ha propuesto Pedro Sánchez, tendremos un verdadero Plan Marshall? Parece que no habrá error esta vez y la intervención política en una economía dañada permitirá reparar heridas y desigualdades pronto y de forma eficaz. Tras la pandemia, debe llegar la recuperación y la reconstrucción justa, pero nunca la segunda recesión global de un siglo con solo dos décadas de vida. Esta vez Europa se corrige y acierta. Cuarto. El mundo global en el que vivimos, bajo el estigma ahora del contacto humano como un riesgo extremo para la salud, puede contraerse y replegarse. No sería el camino adecuado. De eso trata la nueva normalidad precisamente, de mantener lo mejor y más avanzado de nuestras sociedades introduciendo pautas de prevención y límites racionales para, así, permitir la pervivencia de un modelo global, conectado y en red. Lo contrario, un repliegue localista o nacionalista será un paso atrás social y económico, una reacción en términos de desarrollo y de progreso individual y colectivo. Quinto. En clave nacional, el comportamiento de la derecha y de la extrema derecha, que necesariamente acaba generando una cierta parroquia, aun minoritaria, durante esta crisis está siendo lamentable, muy descorazonadora. Ese es nuestro desafío particular, sumado a todos los que compartimos como sociedad europea occidental: que podamos contar por fin con un bloque político en la derecha plenamente leal al sistema democrático y pluralista que impera en España. De momento, cada vez que pueden demostrar que están a la altura de las circunstancias, nunca pierden esa oportunidad para perder la oportunidad. Artículo publicado en en https://fundacionsistema.com.

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23
abril
2020
Pandemia, UE y China

Por: César Luena y Nicolás González Casares El pasado 26 de febrero, una misión internacional de la OMS que había estado en China y se había desplazado hasta Hubei presentaba el informe de conclusiones de sus observaciones sobre el COVID-19. No es nuestro objetivo juzgar el trabajo de los comisionados ni la colaboración de las autoridades chinas, pero hay cuestiones que llaman la atención en los datos ofrecidos por el gigante asiático y por el organismo internacional en ese documento de 40 páginas. Sabiéndose, como recoge el informe, que el descubrimiento de los primeros casos sospechosos corresponde a fechas a caballo entre noviembre y diciembre y que a finales de año ya se detectaba que se trataba de un nuevo virus, sorprende la evolución de casos y fallecidos que presentan las autoridades chinas. Sin duda, estas son más llamativas en Wuhan y Hubei, ciudad y provincia respectivamente epicentros de esta pandemia. Recordemos que el cierre total en esos lugares coincidió con la Fiesta del Año Nuevo chino el pasado 23 de enero. Sorprende que los datos que reflejan las autoridades (y que recoge la OMS) reporten una disminución de nuevos casos y fallecimientos tan sólo con tres días de confinamiento: es decir, que en bastante menos de una semana la curva epidémica de Wuhan y Hubei cambia su tendencia, se aplana y empieza a bajar. Con los datos epidémicos actuales del resto de países con confinamientos severos como España e Italia y sabiendo del comportamiento de la enfermedad, el retardo que se produce en la aparición y detección de casos y, fundamentalmente, en los fallecimientos, no deja de ser llamativo que en menos de una semana de confinamiento se pudiera haber controlado la explosión epidémica. Se aprecia que la dimensión otorgada inicialmente a la epidemia no es la que posteriormente ha tenido. El propio Director General de la OMS en la rueda de prensa de presentación del informe afirmaba que “China tiene menos de 80.000 casos en una población de 1.400 ‎millones de personas. En el resto del mundo hay 2.790 casos en una ‎población de 6.300 millones”, si bien tampoco descartaba “la posibilidad de que se convierta en una ‎pandemia, porque tiene la capacidad de hacerlo”. ‎ Aunque a veces parezca que lo obviamos lo cierto es que aproximadamente dos terceras partes de las enfermedades infecciosas activas en humanos son zoonóticas, es decir, transmitidas por animales. Sin embargo, resulta sorprendente la escasa acción al respecto, a pesar de que estas enfermedades han aumentado globalmente en los últimos 60 años y de que cada vez hay más patógenos zoonóticos entre nosotros como resultado de la actividad humana y su huella ecológica. La deforestación y cambios en el uso de la tierra, el manejo de los sistemas agrícolas y de producción alimentaria, el tráfico de especies salvajes, la adopción de animales salvajes como mascotas y la urbanización están contribuyendo de manera drástica a ello. De hecho, en lo que llevamos de siglo son ya varias las alertas epidémicas de origen vírico procedentes de China como el SARS o el virus H1N1. No obstante, ninguno de ellos tuvo ni por asomo el impacto que ahora estamos sufriendo con el coronavirus bautizado como SARS-CoV-2. Sin duda, parte del relajamiento de Occidente se deba al escaso alcance de las alertas previas consideradas en cierta medida como falsas alarmas en el ámbito sanitario. Un error que estamos pagando en un momento en que el multilateralismo debe ser reforzado al igual que los organismos que lo sustentan. Como es evidente, China no solo es un país enorme, sino una gran potencia y el lugar donde se fabrica casi todo. Pero no es menos cierto que, tras lo sucedido, el gigante asiático va a quedar señalado para nuestras sociedades europeas por bastante tiempo como el origen de la pandemia. No obstante, debemos afrontar con ellos esta nueva situación. Desde luego, China debe hacer esfuerzos en mejorar el control de su cadena alimentaria, preocupante desde la óptica europea, tan estricta en normativas en ese campo: macrogranjas, abuso de métodos intensivos, hábitos alimentarios que incluyen especies salvajes protegidas, etc. Igualmente, y como antes se apuntaba, el respeto y la conservación de la biodiversidad también deberán estar presentes en este debate. De hecho, 2020 ya guardaba a China un papel destacado en la COP 15 sobre Biodiversidad. Hoy más que nunca debemos ser conscientes de que la salud humana y animal son interdependientes y de que ambas dependen de la salud ambiental y del buen estado de los ecosistemas en los que interaccionan. Si queremos minimizar el riesgo de futuras pandemias es prioritario que China y la UE abordemos de forma colaborativa las alteraciones de los ecosistemas por la acción humana y su relación con el incremento del riesgo de surgimiento de enfermedades infecciosas y su diseminación. Asimismo, la UE debe colaborar con las autoridades chinas para evitar la estigmatización del país asiático y para construir la nueva relación que tendrá que surgir de esta crisis, pues ni la UE puede obviar a China ni China puede prescindir de Europa. Igualmente, esta crisis nos ha demostrado que las medidas globalizadoras que permiten la deslocalización de la producción también pueden convertirse en un peligro para la seguridad de los ciudadanos europeos. El desabastecimiento de materiales sanitarios que hemos sufrido en estas últimas semanas viene derivado fundamentalmente de la escasez de manufactura europea. Lo mismo está sucediendo con buena parte de los principios activos de los medicamentos. Europa no puede depender únicamente de productores externos, un hecho que se muestra en toda su dimensión en situaciones de emergencia. Además, China puede convertirse en un aliado en desarrollos que favorezcan una transición ecológica más dinámica o en el ámbito digital con mayor innovación, garantizado en todo caso la seguridad de las redes y la independencia tecnológica europea. China debe entender que Europa tiene que fortalecer sus industrias esenciales y establecer una relación alejada de guerras comerciales y que pueda basarse en la confianza mutua, al tiempo que Europa debe percibir que China puede ser un aliado en el mundo post-pandemia. Nos espera por tanto un mundo en crisis, no sólo económica. Sabemos que será diferente. Ahora nos toca elegir nuestra actitud ante el mismo: actuar desde la colaboración será más productivo para la humanidad que hacerlo con disputas. Sin duda, China estará ocupando un lugar de liderazgo en ese mundo. Los 450 millones de habitantes de la UE debemos recorrer este camino juntos. Artículo aparecido en www.euractiv.es.

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18
abril
2020
Estados Unidos de Europa

Hace ahora 90 años, en 1930, el filósofo e intelectual español por antonomasia de esa época, José Ortega y Gasset, publicó La rebelión de las masas, donde hablaba de los «Estados Unidos de Europa» como última esperanza de salvación. Con la perspectiva de contemplar el proceso de construcción europea desde casi un siglo después, podríamos ser optimistas en cuanto a los avances realizados para conseguir la meta fijada por Ortega. Sin embargo, la gestión de la Gran Recesión y las primeras reacciones de algunos gobiernos socios de la UE ante la crisis del coronavirus, nos sitúan en una realidad más contenida. «Pero se mueve», como dijo Galileo. Desde mis últimas líneas en este diario, hemos conocido la decisión del Eurogrupo de aprobar líneas de liquidez para Estados, empresas y trabajadores por un valor total de hasta 550.000 millones de euros libres de condiciones, siempre y cuando se destinen a la lucha contra el COVID-19, tal como reclamaba el Gobierno de España. Los ministros de Economía y Finanzas de la UE acordaron la creación de un plan de reconstrucción, que debe concretarse y desarrollarse el próximo 23 de abril en el Consejo Europeo. En paralelo, el Parlamento ha aprobado una ambiciosa resolución, pactada entre las principales familias políticas de la Cámara, conservadores, socialdemócratas, liberales y verdes. Una resolución en la que pedimos que el Parlamento Europeo forme parte de todos los debates sobre la respuesta de la UE a esta crisis, defendemos el Pacto Verde Europeo como motor de la recuperación junto con la transformación digital y pedimos articular de manera urgente un método comunitario realista que pueda financiar el 'Plan Europa' (mejor llamarlo así que Marshall), una línea de crédito específica que blinde los tipos de interés de los bonos públicos nacionales frente a diferenciales corrosivos y un marco financiero plurianual fuerte con nuevos recursos propios. Todo ello debe servir a la economía europea y a los millones de ciudadanos que esperan nuestras noticias con expectación. Así, exigimos que la recuperación se base en una convergencia económica social ascendente y con perspectiva de género. El diálogo social debe ser eje sobre el que conseguir mejores derechos sociales y condiciones laborales para todos. De igual modo, el Parlamento Europeo considera prioritario el desarrollo de una estrategia integral contra la pobreza, incluyendo una Garantía Europea del Niño y servicios de apoyo para víctimas de violencia de género y doméstica. El mes que viene, el 9 de mayo, se cumplirán 70 años de la Declaración de Schumann, momento reconocido como nacimiento de la UE y fecha en que se celebra el Día de Europa. Este año, la conmemoración quedará convertida en una prueba de autoafirmación del proyecto de integración comunitaria basado en más solidaridad y en más cohesión. La mayoría de la ciudadanía así lo quiere. El Parlamento así lo ha confirmado este mismo viernes. Muchos gobiernos así lo exigen. El próximo Consejo Europeo tiene ahora la responsabilidad de asumir y de aceptar esta gran dinámica en favor de la Europa social y unida, de los Estados Unidos de Europa como última esperanza de salvación. Y no solo necesitamos esta dinámica para los europeos, sino también como actuación imprescindible de la UE como agente global ante los cuatro grandes debates que marcarán el mundo postcovid19. Esto es, la pugna entre las democracias y los autoritarismos como formas de gobierno y representación, el papel de lo público en la economía y en la previsión ante escenarios globales de crisis como el actual (que no solo conllevará el padecimiento de una pandemia, sino de la persistente crisis climática), la defensa de la libertad individual ante la aplicación inminente de sistemas de vigilancia y seguimiento personalizados y, por último, el grado de retraimiento (o no) del espacio global. Necesitamos aclarar qué vamos a ser, pero también qué vamos a hacer. Los socialistas seguiremos defendiendo un proyecto que sea de unidad y que asegure la solidaridad, unos Estados Unidos de Europa. Artículo aparecido en www.larioja.com.

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08
abril
2020
Inteligencia Artificial y nuevas tecnologías: marco ético y posibilidades de futuro

La inteligencia artificial (IA), la robótica y todas las nuevas técnicas y tecnologías están revolucionando nuestro mundo. Muchas técnicas ya están siendo usadas en varias disciplinas con resultados sorprendentes. Por ejemplo, en una sociedad envejeida como la europea, la IA y en particular, la robótica, presentan posibilidades interesantes para mejorar los cuidados y reducir los costes. La IA se está utilizando ya para mejorar la eficiencia y la personalización de los tratamientos (medicina personalizada) y para ayudar a prevenir y diagnosticar enfermedades de manera más precisa. Igualmente, el uso de robots quirúrgicos extiende las habilidades y la precisión de los cirujanos humanos y supera las capacidades para realizar cirugías mínimamente invasivas, con movimientos de gran precisión. Estos robots abren además las posibilidades a la telecirugía mientras que la telemedicina es ya una realidad. Actualmente, se está debatiendo mucho sobre el uso de estas nuevas tecnologías en la lucha contra la COVID-19 y la prevención de futuras pandemias. El uso de la IA para la biovigilancia y el seguimiento de los movimientos del virus puede abrir puertas a compilar información que de otra manera sería muy difícil obtener. La ciencia es por definición colaborativa, y en tiempos en los que los países se han cerrado en sí mismos, la ciencia y los científicos se han abierto más que nunca. La disponibilidad pública de las secuencias víricas obtenidas en distintas partes del mundo permite analizar la migración del virus por el globo terrestre y las mutaciones asociadas a dicho movimiento, un dato esencial para evitar que las nuevas vacunas diseñadas queden obsoletas al poco tiempo. La posibilidad de rastrear los contactos y los movimientos humanos permite contener y limitar la expansión del virus y, en última instancia, controlarlo, pero genera dilemas éticos sobre la protección de los datos personales proporcionados y su posible utilización para usos no previstos en el consentimiento inicial o de manera ilícita. En materia sanitaria, los avances que la IA puede brindar son muy numerosos, pero también presentan dilemas éticos que deben ser regulados y protegidos. Estos dilemas se están planteando también en relación a las aplicaciones usadas por ciertos países en el control de los contagios. Es responsabilidad de los órganos de gobierno regular el uso de estos datos, de manera que permitan combatir ésta y futuras pandemias pero que, a la vez, respeten el derecho a la privacidad de todos los ciudadanos. Nos encontramos en una encrucijada que requiere un liderazgo público, colaborativo y social. Cómo respondamos a retos así, marcará la confianza ciudadana ante estas nuevas tecnologías y el progreso hacia una sociedad más justa y sana. Pero igualmente libre. La Inteligencia artificial, como toda nueva tecnología, debe ser regulada basándonos en las reglas y valores europeos. Estas tecnologías avanzan a una velocidad de vértigo y la regulación no debe quedarse atrás, asegurando una transición y adaptación justa e igualitaria para todos y protegiendo de manera especial a los grupos más vulnerables. Necesitamos una IA que sea no solamente potente, sino también transparente a la inspección, trazable, predecible y robusta contra cualquier manipulación. Además, su regulación debe ser un proceso cíclico, abierto a la mejora conforme los análisis de estas tecnologías a más largo plazo van apareciendo y sujeto a mecanismos de evaluación durante toda su vida útil. Para conseguir una transición igualitaria es esencial contar con la confianza de los ciudadanos. Para ello, la ética debe ser el pilar fundamental sobre el que se sostenga la regulación de la IA, con los derechos fundamentales en su base. Por último, no está de más recordar que la IA y las nuevas tecnologías asociadas no han de ser un fin en sí mismas, sino un medio para facilitar el progreso y la innovación, preservando y mejorando el bienestar social y la libertad individual. Artículo aparecido en www.fundacionsistema.com.

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06
abril
2020
La hora de la verdad de la UE

En artículos anteriores en este mismo diario, me he mostrado muy crítico con la lentitud en la toma de decisiones del Consejo europeo, y con la insolidaridad, quiero creer que algo inconsciente, de algunos gobiernos de países miembros (Holanda y Alemania) ante la crisis actual y las necesarias medidas que han de adoptarse. Aún así, Europa se está moviendo, pero no lo suficiente. Como ha dicho el presidente Pedro Sánchez recientemente, «Europa se la juega». Ahora, cuando los grandes problemas y retos de la humanidad no responden a parámetros nacionales, resulta difícil dar los pasos adecuados en la buena dirección. Estamos abriendo camino, no existen precedentes. Nosotros y lo que hagamos (y no hagamos) ahora será el ejemplo que otros en el futuro seguirán o evitarán a toda costa. Instituciones centrales de la Unión, como son el Parlamento Europeo y la Comisión, creen en ello. Por principio, pero también por miedo, y es que sobrevuela por Bruselas el temor a repetir los errores de 2008 y que la ciudadanía vuelva a preguntarse: pero, ¿qué está haciendo Europa? Por eso, la Comisión, el Parlamento, el Banco Central Europeo, el Banco Europeo de Inversiones y el resto de instituciones comunitarias están trabajando con determinación para responder a esta cuestión. El abanico de medidas adoptadas pretende sin ninguna duda abarcar amplios espectros de la sociedad y la economía europeas. En el ámbito de la salud pública, se puede resaltar, por ejemplo, que se han organizado, impulsado y adjudicado en un tiempo récord hasta cuatro licitaciones para obtener equipos de protección personal; se ha creado y financiado la reserva estratégica de equipos y material sanitario RescEU, así como el Instrumento de Apoyo para Emergencias, con más de 3.000 millones de euros; se ha fundado un panel independiente de expertos epidemiólogos a nivel comunitario; se ha adoptado un reglamento para coordinar la exportación de equipos de protección personal y se está estudiando con la industria cómo canalizar líneas de producción existentes hacia la fabricación de material médico de urgencia. A nivel económico, naturalmente, el paquete de medidas es potente e incluye la movilización de hasta 750.000 millones de euros por el BCE para comprar activos públicos y privados de los Estados miembros; la flexibilización del marco presupuestario exigido por el Pacto de Estabilidad y Crecimiento; el lanzamiento del sistema de reaseguro de empleo SURE por valor de hasta 100.000 millones de euros; la provisión de mil millones de euros en liquidez inmediata para PYMES y la creación de un fondo adicional de inversiones para ellas dotado con 20.000 millones de euros; la ampliación del Fondo Europeo de Solidaridad para cubrir emergencias sanitarias, poniendo a disposición de los Estados miembros hasta 800 millones de euros; la Iniciativa de Inversión en Respuesta a Coronavirus, con más de 37.000 millones de euros movilizados del presupuesto comunitario y la suspensión temporal de las reglas de ayudas de Estado a empresas. Podríamos continuar mencionando la actuación de la UE en la gestión de fronteras (por ejemplo, permitiendo la organización, funcionamiento y coordinación de los Carriles Verdes), la repatriación de europeos atrapados fuera de nuestras fronteras (más de 5.000 de nuestros conciudadanos han regresado a casa gracias al Mecanismo Europeo de Protección Civil) o en la protección de la industria europea (implementando medidas que impidan la compra por parte de capital extranjero de industrias clave en situación de vulnerabilidad). Con todo, Europa debe moverse más y más rápido en esta hora de la verdad. Ante esta crisis sanitaria, la UE necesita estandarizar, como hemos pedido los socialistas, la detección del coronavirus para poder así disponer de datos comparables y mejorar la coordinación de los sistemas sanitarios a través de una Unión de la Salud que permita, además, aumentar la inversión que se va a requerir en el sistema sanitario. Y, sobre todo, debe implantar los bonos mutualizados para la emisión de deuda y un plan de reconstrucción que movilice cuantos recursos sean necesarios para la fase de crisis económica y social en la que nos adentramos. Estas medidas son irrenunciables, no solo para muchos países como el nuestro o para determinadas familias ideológicas y políticas, sino para la viabilidad futura de la idea de Europa como proyecto de integración continental. Así deben entenderlo los gobiernos hasta ahora reticentes a adoptar estas políticas en el seno del Consejo europeo. El mercado común y el euro son avances indiscutibles de la construcción europea. Pero son eso, avances. La esencia de la UE está en la cohesión y en la solidaridad. Ante esta hora de la verdad que estamos viviendo, cuando Europa se la está jugando, este principio fundacional de la Unión es el que debe prevalecer e imponerse: la Europa unida en la diversidad, social y para los ciudadanos. Artículo aparecido en www.larioja.com.

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28
marzo
2020
Luchas y reconstruir, pero unidos

Al mismo tiempo que nos ocupamos de gestionar la terrible y dramática crisis sanitaria de hoy, es vital pensar cómo vamos a gestionar la crisis social y económica de mañana. En este sentido, son positivas las últimas decisiones de la Comisión Europea, del Parlamento y del Banco Central Europeo para movilizar miles de millones en fondos no ejecutados y para salvaguardar al euro y a los Estados miembros en su acceso a la financiación en los mercados internacionales. Como también es destacable la ampliación del Fondo Europeo de Solidaridad, la suspensión temporal de las obligaciones del Pacto de Estabilidad en lo que a deuda pública y déficit se refieren o la coordinación de la UE y los Estados miembros en la compra de material médico y sanitario. Sin embargo, siendo estas medidas positivas y necesarias, son insuficientes. No blindan nuestro proyecto comunitario, sometido una vez más a una fuerte presión que no hará sino incrementarse con el paso del tiempo, más aún a medida que la crisis económica tome el relevo de la sanitaria. Por este motivo, se multiplican las voces de los que pedimos más y mejor. Más integración y menos nacionalismo, más política comunitaria y menos pensar en «barrer para casa». En definitiva, más y más Europa. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha sido de los primeros en levantar la voz, reclamando nada menos que un Plan Marshall europeo, la mutualización del riesgo y la deuda «coronaria» (los llamados «coronabonos»), un seguro de desempleo común, la movilización del Banco Europeo de Inversiones... No está solo en sus demandas. Los Socialistas y Demócratas en el Parlamento Europeo hemos pedido a todos los líderes de la Unión (sabiendo que algunos están más predispuestos que otros) la aprobación de medidas urgentes y a medio plazo para luchar contra la crisis económica, social y sanitaria desatada por el COVID-19. A los planteamientos del presidente se suman propuestas como un sistema europeo temporal de renta mínima, una Garantía de Empleo europea, la activación del Mecanismo Europeo de Estabilidad, una garantía de préstamo para los propietarios de primeras viviendas, flexibilización total del marco de ayudas estatales... y así hasta 25 medidas, incluyendo una vez más la petición de aumentar el presupuesto europeo al 1,3% del PIB de la UE, ahora más necesaria que nunca. Además, nueve jefes de Estado y primeros ministros (Bélgica, Francia, Grecia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Eslovenia, Portugal y España) han firmado una carta en la que reclaman abiertamente «un instrumento de deuda común» y una «financiación específica en el Presupuesto de la UE», entre otras cosas. Lamentablemente, el Consejo Europeo del pasado jueves no ha estado a la altura de las circunstancias (Holanda y Austria como obstáculos y Alemania cómplice de la parálisis) y ha dilatado las decisiones que se necesitan con urgencia. Sin embargo, gracias a la presión de España y de Italia, el Consejo (los gobiernos europeos) deberá concretar un plan anticrisis en el plazo de dos semanas. Queda mucho por decidir y por hacer hasta que esta crisis pase. Pero queda mucho por decidir y por hacer para lograr que nos recuperemos con éxito de la misma. La respuesta europea tiene que ser contundente e inmediata. No nos cansaremos de repetirlo. Seguiremos insistiendo porque creemos, estamos convencidos, de que Europa es la respuesta. En palabras de nuestros líderes europeos, entre ellos Pedro Sánchez, «si queremos que la Europa del mañana esté a la altura de las aspiraciones de su pasado, debemos actuar hoy y preparar nuestro futuro común. Abramos este debate ahora y avancemos, sin dudarlo». Se trata de luchar juntos hoy para reconstruir mañana unidos. Artículo aparecido en www.larioja.com.

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23
marzo
2020
Unidad y solidaridad frente al virus

Ante la magnitud de la crisis de salud pública sin precedentes que estamos viviendo con la expansión del coronavirus y con una escalada de infección de miles de personas diariamente, la respuesta de la UE tiene que estar a la altura de las circunstancias, dejando al margen cualquier posible discrepancia nacional o nacionalista. Desde que el 31 de enero se conocieran los primeros casos de afectados por el coronavirus en Italia hasta las decenas de miles que se contabilizan hoy en la UE, las respuestas de la UE han ido desde activar en enero el mecanismo de Respuesta Política Integrada a las Crisis (RPIC), que refuerza la capacidad de la Unión Europea para tomar decisiones rápidas cuando hay que hacer frente a crisis importantes que requieren una respuesta a nivel político de la UE, hasta el cierre de las fronteras exteriores durante un mes. La respuesta a la pandemia tiene que centralizarse y las decisiones con un impacto desconocido en el funcionamiento del espacio Schengen y en la libre circulación, requieren de una coordinación contundente de la propia UE. Todos somos conscientes de que hasta que esta crisis sanitaria y económica pase, queda mucho por decidir y por hacer. En el terreno económico, la UE debe lanzar un Plan de Recuperación Económica en relación al coronavirus y sus impactos de manera que se puedan movilizar rápidamente los instrumentos europeos para apoyar a los ciudadanos, PYMES y negocios que más lo necesiten, incluyendo el Banco Central Europeo, el Fondo Europeo de Inversiones y el Mecanismo Europeo de Estabilidad. Esta respuesta europea tiene que ser contundente y no puede esperar. En ese sentido, celebro las últimas decisiones de la Comisión Europea y del Banco Central para intentar movilizar fondos no ejecutados aún, la primera, y para salvaguardar la estabilidad financiera a nivel macroeconómico, el segundo, con el impulso de un nuevo programa de compra de deuda. Esperemos que en los próximos días se sigan dando pasos con la activación del Mecanismo Europeo de Estabilidad y la creación de un Fondo COVID-19 que se financie con emisiones del Mecanismo, y que se pueda distribuir con posterioridad entre los Estados miembros que más lo necesiten. En el terreno sanitario, sigamos a Hipócrates, considerado como el padre de la medicina, y que decía que si alguien deseaba una buena salud, primero debía preguntarse si estaba listo para eliminar las razones de su enfermedad. Y en este punto nos encontramos. A las decisiones de contención adoptadas y por adoptar por el Gobierno y por la UE, tenemos que seguir sumando la conciencia ciudadana individual, por lo que a nuestra salud respecta, y la colectiva, por lo que a los peligros que nuestras acciones puedan conllevar en la salud de los otros. En estos tiempos tan difíciles y tan duros es el momento de apelar a lo mejor que tenemos como humanos y como ciudadanos: la unidad y la solidaridad. Artículo aparecido en www.larioja.com.

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05
marzo
2020
Ley europea del clima: ambición y coherencia

Ayer, miércoles, la Comisión Europea presentaba su borrador de Ley de Cambio Climático, el más ambicioso intento de reducir el calentamiento del planeta, las emisiones de CO2, de otros gases de efecto invernadero en la atmósfera y el principio del fin de la era de los combustibles fósiles. Ese control tendrá, una vez adoptado el texto definitivo, rango de Ley. La Comisión Europea establece en su propuesta el marco legal para que la neutralidad climática en 2050 sea una realidad vinculante en Europa y no solo un discurso político.  Las evidencias científicas de los últimos informes científicos del IPCC - Panel Intergubernamental de Cambio Climático, el consenso global alcanzado y la necesaria justicia social se han plasmado en esta propuesta que impone las doctrinas científicas sobre las conjeturas voluntaristas, lo renovable sobre lo fósil, un modelo de producción y consumo sostenibles sobre la contaminación sin límites, los hechos sobre las promesas, dejando fuera del tablero de juego a negacionistas y conformistas. Esta propuesta de Ley era y es necesaria. Ahora que comienzan las discusiones sobre la misma en los dos órganos colegisladores europeos, Parlamento y Consejo, esa necesidad se traslada a los dos fundamentos que han de guiar las mismas hasta alcanzar un texto definitivo: ambición y coherencia. Por un lado, ambición en el objetivo intermedio de reducción de emisiones a 2030 que debe ser del 55%, así como uno aún más ambicioso a 2040, que la propuesta de Ley ni siquiera menciona. Sólo así podremos trazar la planificación sobre cómo lograr la neutralidad de carbono en los próximos años. A su vez, la ambición ha de encontrarse igualmente en la revisión de los objetivos de las Directivas de Energía Renovable y de Eficiencia Energética. Por otro lado, coherencia en los dichos y en los hechos; esto es, en los discursos y compromisos y en las consiguientes acciones y medidas concretas que habrán de adoptarse para aumentar el nivel de ambición en los distintos sectores contaminantes como el transporte, la agricultura, la industria, el sector energético y la silvicultura. Además, hay dos cuestiones que han de quedar bien definidas y ajustadas en la Ley. De una parte, la dimensión social y económica. La Ley del Clima debe basarse en el principio de Transición Justa tal como se define en el preámbulo del Acuerdo de París, y debe contribuir a la consecución de los objetivos de pleno empleo y progreso social. Ello implicaría que la Comisión Europea debiera garantizar que las políticas y propuestas climáticas presentadas incluyan una evaluación del impacto socioeconómico, incluidos los temas relacionados con la pobreza energética, así como una evaluación de las necesidades de empleo, incluidos los requisitos de educación y formación. De la misma forma, las especificidades de todas las regiones deben tenerse plenamente en cuenta durante el proceso de transición, para que esta sea realmente justa y equitativa e implemente el Pilar Europeo del Derecho Social. Ninguna región ni ningún sector puede quedar en segundo plano. Nadie debe quedar atrás. De otra parte, el papel del Parlamento y de los Estados miembros en la toma de decisiones. La necesidad de adoptar ciertas decisiones por el procedimiento legislativo ordinario y no por acto delegado, como queda en principio estipulado en el borrador de Ley en muchas cuestiones de relevancia, es fundamental. Hay cuestiones, como la revisión de objetivos o la creación de objetivos intermedios, que han de seguir el procedimiento de codecisión entre Parlamento y Consejo. Los ciudadanos representados en el Parlamento Europeo tienen mucho que decir. El socialdemócrata Timmermans, encargado del Parco Verde Europeo, ha cumplido su promesa de presentar una propuesta de Ley del Clima en los primeros 100 días de su mandato. Pero el trabajo empieza ahora. Esta Ley debe establecer la dirección de la acción climática de la UE, otorgando previsibilidad a los inversores y garantizando la reversibilidad del cambio climático y los cambios estructurales necesarios para lograr una sociedad libre de carbono, fruto de una transición equitativa y justa. El cambio climático es un desafío transfronterizo que requiere una acción nacional, local y europea, pero sobre todo una acción global. La neutralidad climática en la UE es sólo el punto de partida para salvar nuestro planeta. Para ello, la UE debe continuar trabajando para liderar mediante la acción, la ambición y la coherencia el compromiso de la neutralidad climática en el resto del planeta. Artículo aparecido en www.larioja.com.

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17
enero
2020
Todos somos Polonia. Todos somos Hungría. O casi.

Que la Unión Europea se fundamenta en los valores de libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos, incluidos los de las minorías, no es un lugar común ni tampoco una entelequia. Es un principio fundacional de nuestra Unión que, además, se entiende en el sentido más amplio de la palabra. Es decir, las instituciones comunitarias consideran que la violación de cualquiera de estos valores en cualquier Estado miembro repercute en los demás, en la confianza mutua entre ellos y en los derechos fundamentales que la Unión confiere a sus ciudadanos. El pasado jueves, el Parlamento Europeo votó a favor de una resolución que denuncia el riesgo de violación grave de estos derechos en Hungría y Polonia. Puede que el lector piense: “no será para tanto”. Al fin y al cabo estamos ya en 2020 y esto es Europa, luego ¿cómo de grave puede ser el asunto? Para que se hagan una idea, podemos hablar de una nueva ley polaca (la última) que hace “buena” la Ley Mordaza del PP de 2015. En diciembre, la cámara baja del parlamento polaco aprobó una ley según la cual los jueces pueden ser sancionados, entre otras cosas, no solo por ejecutar una sentencia de un tribunal supranacional como el Tribunal de Justicia de la UE, sino simplemente por dirigir preguntas a una instancia superior. Las consecuencias derivadas de su incumplimiento abarcan desde el relevo hasta la expulsión de la judicatura. Todo ello decidido por abogados bajo la tutela del Ministerio de Justicia designados por el partido en el gobierno. Otro ejemplo de cómo funcionan las cosas en Polonia son las “zonas declaradas libres de LGTB”. Un macabro intento del gobierno y sus adeptos de marginar todavía más a esta comunidad. En palabras del Sr. Kaczyński, expresidente del país, actual líder de Ley y Justicia (PiS, el partido gobernante) y, para muchos, el verdadero dirigente de Polonia en la sombra: “la ideología LGTB+ es una amenaza importada para la identidad polaca, nuestra nación y, por lo tanto, la existencia misma de nuestro Estado”. Ahí es nada. Si miramos a Hungría, por otra parte, podemos poner el foco en otra constelación de leyes y medidas adoptadas desde 2010 que, como poco, obligarían al más escéptico a enarcar las cejas. No es por nada que Human Rights Watch ya alertó en 2013 del cariz que estaba tomando la “democracia iliberal” húngara. Dicho de otro manera, reventar la democracia desde dentro a base de debilitarla y menoscabarla poco a poco. Así se explica, por ejemplo, la concentración de más de 400 medios de comunicación en el mayor conglomerado mediático del país (huelga decir que favorable al gobierno) cuya meta es, según su web, fortalecer «la conciencia nacional». La negativa a respaldar el convenio del Consejo de Europa contra la violencia machista, al considerar que es producto de la «histeria liberal e izquierdista» es otro ejemplo de la deriva húngara, como lo son las detenciones «sistemáticas» de todos los demandantes de asilo que llegan al país -en contra de la normativa europea vigente-. Eso por no mencionar la reforma laboral de 2018 que permite hasta 400 horas extra al año (en la práctica 6 días de trabajo a la semana) a cambio de esperar hasta tres años a que la empresa las pague. En definitiva, unos “grandes éxitos” del estado de derecho en Polonia y Hungría que han conseguido que 466 eurodiputados de todos los colores políticos, es decir, el Parlamento en bloque, apruebe una resolución nada fácil. Tanto si consideramos Europa un club como una familia, nunca es plato de buen gusto sacar a relucir las vergüenzas ajenas. No es fácil, pero es necesario porque a muchos, la mayoría, nos importa lo que pasa a nuestros parientes o vecinos. Incomprensiblemente, la delegación del Partido Popular en el Parlamento europeo, encabezada por Dolors Montserrat, se ha desmarcado de esta resolución. Votando no solo en contra de las directrices del Partido Popular Europeo, sino mano a mano con los miembros más derechisttas, extremistas y ultranacionalistas de la Cámara como son Identidad y Democracia (más conocidos como las huestes de Salvini, Le Pen y el partido alemán AfD), el Grupo de los Conservadores y Reformistas (es decir, VOX, nacionalistas flamencos y miembros del polaco PiS) y “versos sueltos” como los Brexiteers de Nigel Farage. Que su propia familia política se haya situado abrumadoramente a favor de la resolución, a pesar de contar entre sus filas con Fidesz, el partido gobernante en Hungría, dice mucho de la gravedad que reviste el asunto y de la altura de miras que requiere. Pero eso, al mismo tiempo, también dice mucho de la miopía que afecta al Partido Popular español, cómodamente instalado en el espacio de la extrema derecha, el ultranacionalismo y el conservadurismo más rancio. Es lamentable que el equipo de Casado-Montserrat haya dejado escapar la oportunidad de sumarse a la mayoría democrática europeísta por motivos incomprensibles (a no ser que su “voxización” sea ya irremediable), seguro, para muchos de sus compañeros políticos. El Parlamento Europeo, en cualquier caso, dejó claro esta semana que la democracia en Polonia y Hungría debe defenderse con más fuerza, porque todos somos polacos/húngaros. O casi todos, por lo visto. Artículo aparecido en www.fundacionsistema.com.

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22
diciembre
2019
Más ambición en el 2020

La semana pasada, pocos días antes de que acabara formalmente la COP25, un comentarista radiofónico decía que el titular sería el mismo que se viene repitiendo año tras año, COP tras COP: “se alcanza un acuerdo de mínimos”. También decía que las cuestiones conflictivas y realmente relevantes se postergarían, para decepción de cada vez más ciudadanos, como viene siendo habitual desde que científicamente el clima se ha convertido en un asunto de primer orden (parece que no así políticamente para los líderes negacionistas y populistas). Y efectivamente, un acuerdo de mínimos es lo que hemos conseguido. De poco han servido la base científica cruda y dura que describen los tres últimos informes del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático) y con la que contábamos para esta COP, ni el clamor multitudinario de millones de personas pidiendo acción política inmediata. Es cierto que muchos países, algo más de 80 en esta COP, se han hecho eco de la necesidad de acción y se han comprometido a revisar sus niveles de ambición para 2020 como se había acordado en París 2015. Pero estas buenas intenciones de una parte de los firmantes del Acuerdo se diluyen cuando países como EEUU -que está a un paso de abandonarlo-, China, Brasil, India, o Japón, cuyas emisiones totales suponen el 60% de las emisiones globales, se niegan a firmar un compromiso que les obligue a mejorar o actualizar sus planes climáticos para 2020. Asimismo, todos sabíamos que el éxito o fracaso de esta Conferencia de Partes se mediría por el desarrollo del artículo 6 del Acuerdo de París sobre el mercado global del carbono, y la adopción de un conjunto de nuevas normas que regirían este nuevo mercado, esto es, los detalles de fondo de cómo funcionará en la práctica este mercado. De acuerdo con el calendario previsto, los países deberían haber acordado estas normas el año pasado en Katowice, pero la cuestión se encalló entonces y se trasladó a las conversaciones de este año. Por desgracia, en esta COP25 las tensiones sobre múltiples partes de las reglas han estallado y de nuevo se ha trasladado la cuestión a las conversaciones del próximo año. También se ha discutido sobre la doble contabilización de las reducciones de emisiones y el comercio de los créditos de la era de Kioto. En la práctica, no es lógico a efectos climáticos que el país que vende reducciones de emisiones a través de créditos de compensación y el país que las compra puedan contar, por partida doble, esas reducciones de emisiones para sus propios objetivos climáticos. Pero lo que parece evidente y obvio para unos, no lo ha sido para otros países como Brasil, que aboga por una suerte de período de “exclusión voluntaria” a la prohibición del doble cómputo. Dice el slogan de la Cumbre Social por el Clima que esta COP ha supuesto “un fracaso más, una oportunidad menos”. Pero de los fracasos surgen nuevas oportunidades y es así como tenemos que afrontar el trabajo de cara a las negociaciones anuales que se celebrarán en Bonn en mayo/junio de 2020, y en la próxima COP26 que tendrá lugar el próximo año en Glasgow. Pero hay terreno para la esperanza porque ha sido destacable el papel brillante que la Unión Europea ha jugado en las negociaciones como precursora de planes de reducción más ambiciosos que ha materializado y ejemplificado con la adopción, coincidente con las negociaciones de la COP25, de un Pacto Verde Europeo, cuyo objetivo principal es convertir a Europa en un continente climáticamente neutro en 2050. Y reseñable es igualmente la magnífica labor del gobierno socialista de España, por la encomiable organización de esta cumbre en tiempo récord. Cuando hay voluntad política de avanzar, y el gobierno socialista así lo demuestra, cualquier contrapié puede ser acometido. Como dice el dicho popular: “cuando se quiere, se puede”. Por eso, hay que trabajar con más ambición en 2020. Artículo aparecido en www.larioja.com.

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29
noviembre
2019
El primer paso hacia una nueva era

En su último libro, El Green New Deal Global, Jeremy Rifkin dice que caminamos hacia “una civilización ecológica postcarbono; con suerte, a tiempo para salvar a nuestra especie, al resto de criaturas que viven en este mundo y a la propia Tierra que habitamos”. Hay determinadas cuestiones que no se pueden dilatar en el tiempo. Cuando se llega a un límite, más allá del cual el riesgo puede ser que no sepamos (o podamos) vivir, o que no tengamos los medios ni las capacidades para continuar más allá de ese límite, debemos tomar decisiones para no traspasarlo. Y es eso lo que hicimos ayer en el Parlamento Europeo. Decidimos declarar y aprobar, por necesaria, la emergencia medioambiental y climática. No ha sido una decisión fácil. Ni tampoco ha sido una decisión que haya contado con el respaldo de todos los grupos políticos. Primero, porque declarar un estado de emergencia implica la adopción de medidas inmediatas. Segundo, porque esas medidas han de ser drásticas para, efectivamente, revertir el proceso de calentamiento climático y deterioroecológico que hemos provocado. Pero lo hemos conseguido. Esta declaración, en la que los socialdemócratas hemos puesto tanto esfuerzo, es crucial de cara a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP25) que se celebrará en Madrid del 2 al 13 de diciembre. La sólida conciencia ciudadana de un público profundamente preocupado por la emergencia climática y medioambiental, que demanda acciones concretas para revertir el calentamiento global, ha sido demostrada en las numerosas movilizaciones mundiales de los últimos tiempos. Esta declaración es la respuesta a esa demanda de los ciudadanos. Negar la emergencia, como hacen algunos grupos políticos, y no haberla declarado, hubiera sido nefasto para los ciudadanos, para el planeta y para la propia credibilidad del Parlamento Europeo como institución garante de los intereses de la población. La Unión Europea y sus Estados miembros quedaron desde ayer obligados a tomar la iniciativa y liderar las negociaciones internacionales sobre el clima de las próximas semanas y demostrar unidad y fortaleza con acciones concretas y ambiciosas. Es fundamental la acción inmediata para limitar el calentamiento global a 1,5 °C y evitar la pérdida masiva de biodiversidad. Se necesitan cambios transformadores en las sociedades para hacer frente al cambio climático, la degradación del medio ambiente y la pérdida de biodiversidad. Los socialistas velaremos ahora para que todos los ciudadanos y sectores de la sociedad y la economía se impliquen para garantizar una transición justa y equitativa. El Parlamento Europeo ha declarado la emergencia medioambiental y climática. Es ahora el turno de la UE, de sus Estados miembros y de todos los líderes globales para afrontar valientemente la lucha contra el cambio climático en la COP25. El planeta nos está dando una lección histórica. Se acabó la era dominate del carbono y de la combustión fósil. Es el tiempo del desarrollo sostenible. Artículo aparecido en www.larioja.com.

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01
noviembre
2019
Preservemos la biodiversidad

Dice un famoso ecólogo norteamericano y profesor de la Universidad de Arizona, Donald Falk, que "las especies son como ladrillos en la construcción de un edificio. Podemos perder una o dos docenas de ladrillos sin que la casa se tambalee, pero si desaparece el 20% de las especies, la estructura entera se desestabiliza y se derrumba". Es de esta manera como se explica el funcionamiento de la biodiversidad, de las especies y de los ecosistemas. La diversidad biológica o biodiversidad es un concepto relativamente reciente que se respaldó en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, la llamada "Cumbre de la Tierra", que se celebró en Río de Janeiro en 1992, en la que se impulsó el llamado Convenio de Diversidad Biológica. En síntesis, podría decirse que la biodiversidad no es otra cosa que la variedad de la vida, comprendiendo especies, su variedad genética, los ecosistemas y sus procesos. En la actualidad muy pocos ponen en duda los efectos devastadores del cambio climático sobre nuestro planeta y la concienciación política, institucional y ciudadana es generalizada hacia el problema, habiéndose plasmado la necesidad de acción en un acuerdo mundial vinculante para frenar el calentamiento del planeta, el Acuerdo de París. Pero ¿qué pasa con la biodiversidad? ¿Acaso su pérdida no pone en peligro la vida de y en nuestro planeta? Bastan solo algunos datos para darnos cuenta de la magnitud del problema que supone la actual y acelerada pérdida de biodiversidad sin precedentes que estamos viviendo y provocando. Según el informe de la Plataforma Intergubernamental sobre la Biodiversidad y los Servicios Ecosistémicos, organismo independiente auspiciado por la ONU, un millón de especies, de los 8 millones que habitan actualmente el planeta, están en peligro de extinción. Asimismo, según la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza de 2019, considerada el barómetro de la vida en la Tierra, de las 105.732 especies que han evaluado este año, 28.338 están amenazadas de extinción, lo que supone casi el 27% de las especies analizadas. Nuestra "casa" se tambalea. Muchos "ladrillos" se están perdiendo y nuestro planeta, pues, se derrumba. Se necesita una acción internacional urgente equivalente al Acuerdo de París para revertir la pérdida de biodiversidad, esto es, la pérdida de vida en nuestro planeta. El próximo año se reunirán en China, en su decimoquinta edición - COP 15- las 193 partes o países que en la actualidad forman parte del Convenio de Diversidad Biológica, con la finalidad de adoptar un marco internacional sólido que proteja la biodiversidad mundial, detenga su actual declive y la recupere en la medida de lo posible. Los compromisos que se adopten en la COP15 de Pekín serán determinantes para salvar la vida en nuestro planeta. En este marco asumo el reto, como responsable socialdemócrata de la resolución del Parlamento Europeo, de ayudar a conformar la posición que Europa defenderá en la COP 25 y así lograr que la Unión Europea lidere las negociaciones de la COP 15 para lograr que se alcance un Acuerdo Mundial por la Naturaleza, que establezca los límites más allá de los cuales la pérdida de diversidad biológica será un proceso irreversible. Los compromisos que se adquieran el próximo año en la COP15 son determinantes y una de las últimas oportunidades que nos quedan para salvar nuestra naturaleza. En los últimos 20 años se han hecho esfuerzos para parar la destrucción de los hábitats naturales, pero no han sido suficientes. Necesitamos adoptar contribuciones determinadas en los niveles nacional, regional y local, compromisos financieros, garantías de creación de capacidades, una gobernanza mejorada de las áreas protegidas y medidas de conservación más efectivas. Los socialistas españoles y europeos somos conscientes del enorme reto. No hay otra opción que actuar urgentemente para preservar lo que aún no hemos destruido. Artículo aparecido en www.eldiario.es.

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28
julio
2019
Madrid Central: un ejemplo para la UE

La contaminación en Europa provoca 400.000 muertes prematuras al año, multiplica la posibilidad de desarrollar enfermedades y afecta al crecimiento de los más pequeños. Un fenómeno que impacta especialmente en los grandes núcleos urbanos. En consecuencia, la Unión Europa lleva más de una década desarrollando una normativa que exija mínimos estándares de calidad del aire y promueva estrategias que permitan una drástica reducción de la contaminación atmosférica. Un esfuerzo que debe implicar al conjunto de las administraciones y que requiere de acciones en la gestión de nuestra energía, infraestructuras o transporte. En este sentido, las grandes ciudades europeas están promoviendo zonas de bajas emisiones en sus centros y núcleos históricos con el objetivo de reducir las congestiones y acompañar una estrategia de reducción de la contaminación, que es hoy un imperativo europeo y forma parte del propio sentido de la Historia. Es dentro de este marco que hay que entender y analizar la puesta en marcha de Madrid Central en 2019. Una reciente medida que perseguía reducir la contaminación y la emisión de dióxido de nitrógeno a la atmósfera para proteger la salud pública. Una medida que estaba consiguiendo con las primeras mediciones el objetivo que perseguía en una comunidad en la que se producen 15 muertes prematuras al día por la contaminación. Sin embargo, mientras podemos exhibir en el ámbito comunitario exigentes medidas en favor de la sostenibilidad y de lucha contra la emergencia climática, el nuevo gobierno municipal de Madrid, conformado por Populares y Ciudadanos con el necesario apoyo de la extrema derecha, ha decidido revertir Madrid Central como medida estrella en su aterrizaje en la cabina de mando de la ciudad. En términos comparados, también cabe recordar que la inexistencia en España de cordones sanitarios hace posible que hoy gobiernen la derecha y la ultraderecha en la capital. En el último pleno del Parlamento Europeo en Estrasburgo, la delegación de los socialistas españoles hemos defendido ante la Comisión Europea la necesidad de imponer una cláusula de no reversión posible ante las medidas de carácter medioambiental en la necesaria revisión de la Directiva de calidad del aire. Es decir, que decisiones y prácticas como Madrid Central, una vez han demostrado su rendimiento y efectividad en favor de la salud pública, ya no puedan ser revertidas por ninguna administración. Lo que está ocurriendo en Madrid está felizmente siendo paralizado por organismos jurisdiccionales nacionales y contestado por la Comisión Europea, al haberse convertido en el desencadenante de llevar a España ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea por el incumplimiento de la directiva de la calidad del aire. De hecho, la UE está hoy exigiendo mayores y más drásticas medidas a España para mejorar la calidad del aire en Madrid y Barcelona. En ese sentido, conviene tener presente uno de los autos emitidos por la justicia española estos días pasados. Dice: "Ante una medida dirigida a la protección del medio ambiente, como es Madrid Central, el acuerdo municipal [que la suspendía] no ofrece ninguna alternativa para suplir la supresión de la zona de bajas emisiones, ni justifica tampoco que la misma haya sido ineficaz o haya producido un daño mayor del que trataba de evitar en el plano medioambiental". Y sigue el juez: "La protección a la salud y al medio ambiente son principios que deben regir la actuación de los poderes públicos". Defendemos que esta situación a la que nos ha llevado un Gobierno municipal reaccionario y negacionista no pueda volver a repetirse. No puede volver a repetirse ni en Madrid ni en ninguna otra ciudad de la Unión. Porque medidas como las de Madrid Central son un buen ejemplo para Europa y para el mundo: hay que protegerlas y defenderlas. Artículo aparecido en www.eldiario.es.

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09
mayo
2019
La verdad está en la causa

En los primeros capítulos de la tercera temporada de la serie (la recomiendo encarecidamente) aparece un personaje trumpiano que expone dos afirmaciones muy de la nueva derecha populista, xenófoba y nacionalista: ya no es tiempo de causas, sino de batallas, ni tampoco de hechos, sino de inventar realidades alternativas a la verdad. Pues bien, el 26 de mayo celebramos las elecciones más importantes a un Parlamento, solo superadas por la India, que se desarrollan en el mundo. Y desde luego que es la oportunidad para dar la batalla por la causa europea, la batalla por la unidad en la diversidad de Europa. Pero, ¿qué les molesta de la Unión a los eurófobos populistas nacionalistas? Que los hechos de la mejor causa de nuestra historia van ganando a sus batallas por intentar imponer mentiras con las que disfrazan su proyecto de desigualdad e injusticia. Porque la UE no es solo una democracia supranacional basada en un mercado común, sino que atesora unos valores de defensa del Estado de derecho, de igualdad entre mujeres y hombres, de los derechos humanos y de las minorías, así como de las libertadas civiles y políticas. En resumen, la Unión es democracia, progreso económico y bienestar social. Por eso, es tan importante acudir a votar para defender la construcción de la soberanía europea frente a los grupos políticos (de dentro y de fuera de la Unión) que quieren desmantelar el proyecto comunitario. El PSOE y el Gobierno de Pedro Sánchez, con los socialistas europeos, queremos proteger la idea de Europa para que la Unión proteja a los ciudadanos. Para ello necesitamos una mayoría de izquierdas en el Parlamento, mayoría que ya ha conseguido en esta última legislatura introducir una mayor flexibilidad en las políticas del Pacto por la Estabilidad y el Crecimiento o que hubiese un gran Plan de Inversiones. Ahora se trata de impulsar una gran agenda socialdemócrata. Una agenda que, en primer lugar, ponga en marcha iniciativas de crecimiento, estabilidad y empleo de calidad. Que convierta el Mecanismo Europeo de Estabilidad en un Fondo Monetario Europeo que ayude con préstamos a la economía real, dote a la zona euro de un presupuesto propio, establezca los eurobonos como fórmula de compartir las responsabilidades y le amplíe las tareas al Banco Central Europeo, para que además de controlar la inflación, se dedique también a la promoción del empleo. El objetivo principal es desarrollar en esta legislatura las bases de la Unión Social. Los socialistas europeos lo tenemos claro: si no hay solidaridad, no habrá Unión. De acuerdo con esta idea, queremos establecer un seguro de desempleo europeo, tal como ya propuso Pedro Sánchez en el Consejo Europeo de octubre pasado, reforzar la garantía juvenil e implantar la garantía infantil. Además, vamos a impulsar el establecimiento de un salario mínimo europeo y a dotar a la Unión de nuevas prioridades en políticas imprescindibles en la agenda comunitaria, como son la introducción de la perspectiva de género en todas las políticas de la UE (PAC, política de cohesión, asignación de otros fondos europeos), la promoción de una estrategia europea para la igualdad de género y la lucha contra la violencia de género, así como la transición ecológica justa de la economía, que incluya en la valoración global del progreso la existencia de desigualdades, la inclusión, la educación, la contaminación o la sobreexplotación de recursos en la línea de lo que recoge la Agenda 2030. Somos muy conscientes de que esta política ambiciosa de levantamiento de la Unión social necesita de recursos amplios. Queremos poner en marcha la 'tasa Tobin' comunitaria a las transacciones financieras, asignar al presupuesto de la UE una fracción de la base del impuesto de sociedades y también de los beneficios del Banco Central Europeo, y establecer impuestos a las emisiones de CO2 y a las grandes plataformas tecnológicas como Google, Amazon Facebook o Apple. No quería terminar sin hacer una referencia a una política europea muy importante para La Rioja y nuestra economía: la PAC y el desarrollo rural. Los socialistas vamos a seguir defendiendo las rentas de nuestros agricultores y ganaderos y la estabilidad de precios. Y en el marco de la reforma de la PAC, que entrará en vigor en 2022 o 2023 previsiblemente, nuestros objetivos van a ser asegurar, dentro del nuevo contexto medioambiental y de protección del clima, el margen de crecimiento de una agricultura y ganadería en expansión, la defensa del pequeño y mediano productor, de los jóvenes y de las mujeres, y la intervención más activa en innovación, despoblamiento y medio ambiente. Para llevar adelante estos propósitos será necesario que se mantengan el presupuesto al nivel de gasto actual y los pagos directos como principal instrumento para garantizar la estabilidad de las rentas, se articule la definición de agricultor genuino, a tiempo completo, así como el mantenimiento de programas de apoyo sectoriales al vino, las frutas y hortalizas y el sector apícola. Además, vamos a continuar con los trabajos que ya ha impulsado el Parlamento en la pasada legislatura, con apoyo socialista, para prolongar el régimen de autorizaciones administrativas de plantaciones hasta el 31 de diciembre de 2050. En definitiva, las próximas elecciones del día 26 para elegir a nuestros representantes en el Parlamento condicionarán buena parte de la senda que ha de tomar la UE en los próximos años. Los socialistas vamos a dar la batalla, porque en luchar por esta causa nos jugamos nuestro futuro. Y nuestro futuro pasa por más Unión Europea. Artículo aparecido en www.larioja.com.

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03
mayo
2019
Socialistas en la historia (Dos de mayo de 1879)

Fue el siglo XIX la centuria que acogió la eclosión de las ideologías políticas más relevantes para la evolución de la humanidad hacia parámetros de progreso, como antes se decía. En el caso del socialismo, desde inicios de siglo ya se acumulaba una cantidad de teoría enorme (el siglo anterior había concluido con las revoluciones americana y francesa), y empezaba a desembocar en prácticas y en movimientos, ligas y organizaciones, en sociedades y cooperativas, en partidos y sindicatos. En un país como el nuestro que al terminar el siglo XIX estaba estancado en las nimias reformas de un Estado liberal se podría decir, pero en ningún caso democrático, y en el que las desigualdades sociales eran la norma, donde la revolución industrial tardía había generado la aparición de una clase trabajadora incipiente y considerable, el surgimiento de organizaciones obreras, partidos y sindicatos, era cuestión de tiempo. Las condiciones se daban. Pero faltaba la voluntad y la fuerza de la decisión, de la actuación. Así, proveniente de uno de esos espacios de realización de la teoría socialista, de los 'rescoldos' de la disuelta Nueva Federación Madrileña de la Asociación Internacional de Trabajadores, que trasladó su actividad clandestina a la Asociación General del Arte de Imprimir, nació el Partido Socialista Obrero Español. El dos de mayo de 1879, ayer hizo hace 140 años, un grupo de 25 militantes (20 obreros, de los cuales 16 eran tipógrafos y 5 médicos o estudiantes de medicina) se reunieron en condiciones de clandestinidad en una fonda de la calle Tetuán de Madrid, aprovechando que ese día se celebraban en la capital de España decenas de comidas 'patrióticas' para constituir el primer Partido Obrero de España. A la cabeza del cual estuvo Pablo Iglesias Posse, «el primero entre los iguales», como a partir de entonces fue considerado por sus compañeros. Aquí, en La Rioja, en junio de 1870, como bien cuenta Francisco Bermejo, había sido creada la Sociedad Cooperativa Obrera de Ezcaray, que llegó a estar representada en el Primer Congreso de la Federación Regional Española de la Internacional, y que es el precedente de los dos actos fundacionales del socialismo en la región. Por un lado, la creación de 'La Gráfica. Sociedad Tipográfica de Logroño' en 1882 por Tomás Escribano y Toribo Reoyo. Del otro, la presencia en Logroño de Iglesias en Logroño en septiembre de 1893, momento que sirvió para impulsar la creación de la Agrupación Socialista de Logroño al mes siguiente y que ya contó con presencia en el IV Congreso del PSOE. No quiero olvidar que, un año antes, ya había Agrupación en Haro, aunque su vida fue efímera, como señala Carlos Gil Andrés. Aquí los orígenes de este partido que hoy cumple 140 años. En otra parte he traído a colación las palabras de uno de los mejores historiadores españoles, a mi juicio, y gran estudioso de la historia del socialismo, Santos Juliá. Recordarlas hoy, de nuevo, es pertinente por cuanto que sintetizan la evolución histórica del partido más antiguo de España, que es, a la vez, el más respaldado en las urnas otra vez en una España más igualitaria y plenamente democrática, que es para lo que nació precisamente el PSOE. Y dice Juliá: «Los socialistas no están fuera de la sociedad y, por tanto, no sienten ninguna revolución en el horizonte y no tienen necesidad alguna de dividir en dos los tiempos de la historia. Han desaparecido, pues, los fundamentos de la dualidad entre el discurso ideológico y la práctica política. Para un socialista actual, la única práctica posible es la de la acumulación de reformas y el único tiempo real es aquel que por medio del uso del poder se procede a la racionalización y modernización del Estado y de la sociedad». Pues eso. Artículo aparecido en www.larioja.com.

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21
octubre
2018
La alternativa económica para la mayoría

El Gobierno socialista ha presentado recientemente unas líneas generales de la política presupuestaria que pretende llevar adelante, una política en la que se puede comprobar el cambio que Pedro Sánchez quiere imprimir en la dinámica económica nacional. La alternativa al ajuste por el ajuste, al austericidio, como dio en llamarse a los recortes sociales por sistema y contra el sistema, es una política presupuestaria que, cumpliendo con la estabilidad macroeconómica, ponga a las personas en el centro de los objetivos económicos del Gobierno. En un artículo reciente en el diario ‘El País’, el economista José Carlos Díez afirma: «Nuestros vecinos portugueses son un ejemplo que confirma que la socialdemocracia sigue viva en medio del virus populista global». Bien, en España la socialdemocracia sigue tan viva como en el país vecino, y son el PSOE y Pedro Sánchez quienes se están encargando de que cumpla con su función: garantizar la igualdad y proveer de políticas públicas para que la cohesión social sea la base sobre la que se sustente la convivencia en el marco de la democracia representativa. Pero, ¿cómo conseguir estos objetivos? Primero, protegiendo el Estado de Bienestar; segundo, reformar la fiscalidad para que vuelva a la lógica de la progresividad, a la lógica de la justicia, para que quien más tenga más pague, y para que las clases trabajadoras y medias salgan beneficiadas; tercero, con unas cuentas públicas saneadas; y cuarto, impulsando el desarrollo de un crecimiento más fuerte, sostenible y competitivo. Los presupuestos que resultarán de esta nueva política económica una vez, como así espero, la mayoría del Congreso los apruebe, serán la mejor noticia para la sociedad española, después de varios años de ajustes y recortes. Hablamos de una subida de las pensiones conforme al IPC real, y de una subida de las pensiones mínimas alrededor del 3%. Hablamos de un 40 % de aumento en el gasto de la dependencia y de incremento de 900 euros en el salario mínimo, de la eliminación del copago farmacéutico, del establecimiento del permiso de paternidad a tres semanas o de 150 millones más para becas. Y como decía el clásico, esto, ¿quién lo paga? El gobierno garantiza la estabilidad de las cuentas a partir de una reforma en el sistema de ingresos. Y lo hace como debe hacerse: subiendo el IRPF dos puntos a las rentas altas de más de 130.000 euros al año y a las ricas de más de 300.000 euros anuales, imponiendo un tipo mínimo a las grandes empresas a través del impuesto de sociedades y protegiendo a las PYMES y a los autónomos. Quien diga que a la pequeña y mediana empresa y a los autónomos se les van a subir los impuestos, sencillamente miente. O como ahora se dice, propaga fake news, noticias falsas. Que miente como un bellaco vaya. En resumen, el presidente está impulsando una alternativa económica que va a beneficiar a la mayoría de la sociedad, algo que, por cierto, es lo que estaba esperando una mayoría también de los españoles. Artículo aparecido en www.nuevecuatrouno.com.

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16
febrero
2018
Las ventajas de la profundización democrática

Desde los años 2000, y especialmente a partir del 2011, el PSOE ha sido muy consciente de que debía profundizar en medidas democráticas de calado, tanto en su estructura orgánica como en su funcionamiento interno. Buena parte de nuestra credibilidad como proyecto político dependía de esas reformas. Así lo hicieron distintos responsables de la dirección del Partido, y así lo entendimos también en la etapa 2014-2016, donde el PSOE adoptó varias decisiones pioneras en este sentido, tales como el primer reglamento interno que desarrollaba los procesos de primarias del PSOE a todos los niveles, el primer proceso de primarias abiertas para elegir a nuestros candidatos a la Presidencias Autonómicas y a la Presidencia del Gobierno, el primer proceso de primarias internas del PSOE para elegir a nuestros candidatos municipales en las ciudades de más de 20.000 habitantes, la realización de la primera consulta a la militancia para decidir algo tan importante como un pacto de gobierno y, por último, hicimos realidad el voto telemático con plenas garantías, con una primera experiencia en la consulta a la militancia para decidir sobre nuestros acuerdos de gobierno. En el último Congreso Federal del Partido del pasado verano se impulsó un nuevo proceso de modernización y profundización democrática. Un paso necesario, porque procesos vanguardistas llevados a cabo como la consulta a la militancia debían ser reglamentados para convertirlos en normalidad, y porque procesos normalizados como las primarias para elegir nuestros candidatos debían avanzar para consolidarse dentro de la vida del partido más abierto y democrático de España, pasos que el PSOE viene dando desde su fundación. Los procesos participativos y su compatibilidad con la democracia representativa y con las estructuras de dirección del partido han sido siempre una constante, lo que ha permitido consolidar la participación de la militancia y de los simpatizantes del PSOE. Algunas medidas se han comentado estos días, pero me gustaría respaldarlas públicamente a través de estas líneas. Me refiero a reglamentar el poder de la militancia, al igual que siempre hemos reglamentado el poder de los distintos órganos de dirección del Partido entre sus congresos. Porque si aprobamos un derecho directo a los militantes para elegir a sus órganos de dirección, los mismos tienen que tener un papel para retirar la confianza a los representantes de dichos órganos. En definitiva, era necesario compatibilizar el poder de la militancia con los órganos de control del partido, y en ese sentido es un gran avance que el nuevo reglamento recoja a la militancia como el máximo órgano entre congresos a estos efectos, otorgándole el poder con su voto para constituirse en la última estancia para censurar a un secretario general. Que el reglamento que se aprueba recoja con detalle el método de las consultas vinculantes a la militancia es un gran avance, porque la que fue una práctica pionera en el anterior mandato necesitaba ser reglamentada para que no haya dudas de su utilización. Las reglas del juego quedan escritas y no hay lugar para utilizarlas a conveniencia. Tanto los órganos de dirección como la militancia ya saben qué se somete a consulta de los militantes y qué queda exento de consulta. Un gran avance que consolida esta práctica y da plenas garantías en la profundización democrática del PSOE. Sobre el voto telemático, creo que el PSOE debe hacerlo realidad. Porque tiene las herramientas para hacerlo con plenas garantías, y porque es una necesidad en los tiempos en los que vivimos. El 39 Congreso no lo tuvo en cuenta, pero estoy seguro de que pronto será una realidad su puesta en marcha. El PSOE puede presumir de una trayectoria histórica coherente. También en lo que a su adaptación a la realidad cambiante de cada momento histórico se refiere, combinando siempre la democracia representativa con la democracia directa. El Comité Federal que va a ratificar la propuesta de la dirección va a acertar a mi juicio, porque la profundización democrática en el funcionamiento de nuestro partido, reforzando el papel de los militantes y de nuestro sentido y esencia federal, solo puede traer ventajas, no solo para los socialistas, sino para toda la sociedad española, que es de lo que se trata. Artículo aparecido en www.eldiario.es.

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26
agosto
2014
Dicho y hecho

Dicho y hecho. Expresión usada "para explicar la prontitud con que se hace o se hizo algo", define el diccionario de la Real Academia Española. El pasado 13 de julio, los socialistas unieron ilusión y ganas para protagonizar un cambio lleno de esperanza en el PSOE. Legitimado por la fuerza del voto directo de los militantes, Pedro Sánchez fue elegido dos semanas después secretario general del Partido Socialista. Comenzaba así un proceso histórico de apertura que se acabará extendiendo, como proponemos, al resto de formaciones políticas. Desde entonces ha transcurrido un mes. En este tiempo, sin perder un solo día, la nueva dirección del PSOE se ha esforzado para traducir en acciones concretas las propuestas lideradas por Pedro Sánchez antes incluso de ser elegido secretario general. "Me han criticado que pidiera votar en contra de Jean-Claude Juncker a los eurodiputados socialistas. No ha sido un error. Fue coherencia", reivindicó el líder del PSOE un día después de ganar las primarias y en vísperas de la votación en la Eurocámara. Dicho y hecho. La coherencia se materializó horas después en el rechazo de los socialistas españoles del Parlamento Europeo al nombramiento del luxemburgués como presidente de la Comisión Europea. "Quizá alguien crea que las campañas electorales y lo que decimos en los mítines se lo lleva el viento, que una cosa son las promesas y luego viene la política real. Pues bien, para mí está claro: si prometemos votar 'no' a Juncker, votamos 'no' a Juncker", explicó Pedro Sánchez en su intervención de clausura del Congreso Extraordinario. Sí, se llama coherencia. Ese mismo día, en ese mismo discurso, el líder socialista levantó una bandera de identidad que pretendemos mantener izada en este tiempo nuevo en el PSOE: un compromiso inequívoco con la ejemplaridad. "El único patrimonio que exigiré a los responsables políticos será el patrimonio de la honradez y la transparencia", advirtió Pedro Sánchez. Y lo que eran palabras, se convirtieron en hechos un día después, al publicar en la web del PSOE las cuentas del Partido de 2012 y 2013. Prologamos así un ejercicio de transparencia que se ampliará en breve con la publicación de una completa declaración de bienes, rentas e intereses de los miembros de la comisión ejecutiva federal del PSOE, la dirección de los grupos parlamentarios en Europa, Congreso y Senado y del director gerente del Partido. Son algunas muestras de una forma de hacer que queremos que nos diferencie. Los socialistas estamos "en marcha", como nos reclama Pedro Sánchez y pide la ciudadanía. Tenemos ilusión, capacidad y fuerza para devolver la mirada y ofrecer esperanza a los que están a punto de perderla, a los que no pueden más con la crisis y a las clases medias y trabajadoras ahogadas por las políticas de la derecha que encabeza Mariano Rajoy. Por eso, sólo 48 horas después de ser elegido secretario general, Pedro Sánchez llevó a La Moncloa su primera propuesta formal al Gobierno: crear un subsidio de 426 euros para desempleados sin prestaciones y con cargas familiares. Dicho y hecho. Esta necesidad apremiante está ya registrada en el Congreso para su próximo debate. Acabo de repasar sólo algunos ejemplos que me gustaría que se entendieran como el prólogo de un proyecto lleno de ganas. Hemos hecho más. En este tiempo hemos combatido también la reforma fiscal de Rajoy y demostrado que hay una alternativa justa, hemos plantado cara al cambio unilateral en la ley electoral que pretende el PP para beneficiar sus expectativas menguantes en víspera de las elecciones municipales y hemos arrancado una intensa agenda social al lado de los colectivos desahuciados por los recortes de la derecha. Sólo hemos comenzado. He aludido ya al discurso de clausura de Pedro Sánchez en el pasado Congreso Extraordinario socialista. Una buena forma de cerrar este repaso apresurado es la cita con la que el líder del PSOE concluyó su intervención. Ahí acabaron las palabras y comenzaron los hechos: "Aquí estamos, en pie, en marcha para cambiar España una vez más. Lo hemos hecho dos veces. Vamos a hacerlo una tercera. A vuestro servicio". Lo estamos. Dicho queda. Vamos a hacerlo. Artículo aparecido en www.eldiario.es.

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